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El viaje soñado por mi por fin se hizo realidad........
Miercoles, 27 diciembre de 2006
Bueno, lo primero que podemos contar del viaje es su gestación. Y es que me dispuse a darle una sorpresa a Bea, aunque bien es cierto que yo soy el que quería ir a Nueva York. Le había dicho que nos íbamos a Londres y tan solo por tres noches y ella estaba tan convencida. Mi intención era decírselo como muy tarde en la puerta de embarque del vuelo a NYC porque ya es evidente el destino. Pero la noche de antes, cuando empezamos a hacer la maleta Bea solo metió en la maleta 5 braguitas. Claro, si es que yo le había dicho que nos íbamos a Londres solamente 3 noches cuando la realidad es que nos íbamos 6 noches a Nueva York. Así que me dio penita y le dije que pusiera algunas más porque había una sorpresa…… que nos íbamos…… 6 noches…… en vez de 3 noches a.......... LONDRES!!!!.
Ufff!!! Se lo tragó, e incluso con lo del aumento de tiempo creo que le causó más sorpresa que el destino final. Luego contaré…
Hicimos las maletas en mi casa de ÍLLORA, tertulia nocturna en casita con la familia, con bastantes indirectas que afortunadamente Bea no pilló. Fue en este momento cuando me arrepentí de decirle que íbamos 6 noches porque la maleta creció y creció y volvía a crecer de forma considerable y cada uno llevábamos una a cual más grande. Vamos un desastre.
A las 08:00 h. del 27 de diciembre salimos para el aeropuerto de GRANADA ya que teníamos nuestro vuelo de Granada a Madrid a las 10:00 h. y posteriormente a las 13:05 el de Madrid - Nueva York (JFK). Todo con Iberia.
La primera odisea es como facturar directamente a NYC sin que Bea se de cuenta. Joer que sufrimiento, la azafata que preguntaba que donde íbamos y Bea a mi lado sin despegar los ojos de los pasaportes. Mi cuello no podía estirarse mas para que mi hermano Dieguito situado estratégicamente detrás de nosotros se la llevara a la cafetería a desayunar o algo o que le diera a él un mareo repentino para que no prestara atención a los billetes. Pero en eso que se me enciende la bombilla y … le digo a Bea y a Dieguito que le pregunten al del control de seguridad si podemos pasar las cámaras en la mano.
Se van y mientras eso sucede yo empiezo a respirar y noto algo entre las piernas que antes tenia en el pescuezo.
Pero no puede ser, me toca la tía más lenta del mundo. Mil preguntas y a rellenar el papelito de los datos para el gobierno estadounidense que Iberia te hace rellenar. Le escribo los datos del hotel, la dirección y todo lo demás. La señora si tuviera velocímetro no funcionaría y en eso que después de 5 minutos sin todavía haberme dado los billetes y haciéndome preguntas veo venir cual sombra del demonio a Bea y a Dieguito con cara de ¡¡ya estamos aquíííííí!!
Puf y ahora que hago. ¡Rápido! Con otra mirada asesina a Diego le digo que la aleje, que no la quiero, que me divorcioooooo. Pero en eso se me ocurre decirle a la señora de Iberia que es una sorpresa y que por el amor de Dios, y por su integridad (pienso yo), no diga nada de Nueva York. Afortunadamente la mujer debe de ver sangre en mis ojos y me da los billetes al revés y me guiña el ojo al dármelos. Joer y ¿encima he ligao?!!!
Pues ya con todo arreglado nos disponemos a desayunar en el aeropuerto granaino. En eso que una voz de ultratumba y endemoniada sale del mas allá para informar a los señores pasajeros que el vuelo 0274 con procedencia de Madrid (el avión que nos debería de llevar a Madrid) no ha podido despegar aun por problemas meteorológicos y tiene un horario aproximado de llegada a Granada a las 12:30 h.
¡¡¡¡PLAFFFF!! Batacazo. Corriendo voy a atención al cliente de Iberia para asegurarme que lo que he oído es cierto y desgraciados de Iberia, si es cierto. Resulta que no sale porque no iría la suficiente gente y aprovecharon el siguiente vuelo, el que llega a las 12:30 para juntar dos vuelos en uno. Como diría uno de mi pueblo: ¡Mal dolor les de en la jigailla!. Ya sabemos que perdemos la conexión a Nueva York. Nos dicen que no nos preocupemos que hay otro a las 17 h. y que nos reubican en ese. Pero he tu ahí que a Bea le sale la sangre del sur que lleva dentro y cual poligonera (dícese de una gitana arremangá buscando bronca con quien se tercie) se dispone a poner verde a los Iberianos empezando a decirles que no tienen vergüenza, que perdemos nuestro enlace con Londres y _________ ¡frenazo!.......... le dicen que el vuelo a Londres sale a las 16 h. y que nos da tiempo.
Hay Dios mío en ese momento donde Bea empieza a poner una reclamación a los de Iberia haciéndome más preguntas que un abogao y empezando a caer en la cuenta de que o yo o los de Iberia la hemos engañao con el horario del supuesto vuelo a Londres. Claro esta que he sido yo. Se dispone entonces a rellenar los campos y me veo en la obligación de decirle la verdad……
- Bea, …………………..los Reyes Magos ………….son los padres!!!
Joer la que se lía en el aeropuerto….. Ah no que no fue así. Le digo:
- Ven un momento que te tengo que decir algo antes de que montes el pollo y hagas el ridículo.
Como era imparable su furia con los de Iberia no tuve más remedio que contárselo. Saque el dossier de 20 folios que le había hecho para el viaje y en un momento intimo, cual padre blanco cuando ve que su hijo que nace es negro me mira sorprendida y no da crédito. Se queó más pará que la estatua de la libertad. Solo acertaba a decir:
- …. Pero…… esto……. Como es posible……¿y quien lo sabia?....... y ahora que vamos a hacer……
Pues cohones nos vamos pa la city de los rascas!!!!!
Dieguito es testigo del acontecimiento. Algún día publicará o venderá la exclusiva.
Flipar, flipo un ratito, pero yo creo que no se dio cuenta de verdad hasta que después de una larga espera llegamos a MADRID, a la T4 y le enseñe los billetes al JFK.
Ya en la T4 nos fuimos a un mostrador de Iberia a intentar por lo menos que nos ubiquen en 1ª. Un señor muy amable así lo intenta e incluso dice que ya estábamos reubicados ahí, pero cual fue nuestra sorpresa que por haber comprao nuestros pasajes en saldos y otros varios baratos, no nos puede reubicar en 1ª. Nos pone en la fila 12 y hala, a buscar el avión.
Antes nos dan un ticket de comida por la espera pero realmente la comida en la T4 es una bazofia y no hay nada que merezca la pena, así que unas pizzas y a buscar el viónnnn.
Un inciso sociológico (que pa eso soy politólogo y sociólogo) joer, cuando viajamos las personas siempre tenemos la percepción de que va alguien conocido en el mismo viaje. Pero coño es que es cierto, el Molina (el de la autoescuela) y su mujer que iban en el mismo avión desde Granada también van en el mismo para Nueva York. ¡ Si es que el mundo es un sonaor de mocos !
Hacemos la cola para entrar entre rejas antes de embarcar. Hay más seguridad que en los campos de concentración. Nos meten rodeados de vallas y pal avión tras dos controles.
Ajun!!! Que estrés el contarlo.
El retraso y posterior pérdida de conexión de nuestro vuelo a NYC hizo que perdiéramos los asientos de puerta de emergencia que teníamos reservados por lo que no solo perdíamos 4 horas de nuestras vacaciones (y toda la tarde en Nueva York) sino que también perdíamos unos asientos donde mis piernas se sintieran a gusto.
Nos tocó en la fila 12 tras unos paisanos granainos que también habían perdido el anterior vuelo ya que viajaban con nosotros desde Graná. La comida estuvo mucho más floja que cuando fuimos a Perú y es que el vuelo dura 4 horas menos. El viaje fue tranquilo, sin ningún problema. Proyectaron El Ilusionista, Cars y otra peli que no vimos porque caimos en reondo una horilla o así. Y es que en venganza y porque me gustan los botellones y beber en público me jinque 2 white label con coke que fueron lo mejor del viaje junto a la botellita de vino comiendo. Tenia un cuasi pedo que hacia peligrar mi paso por inmigración. Me prometí que le haría el mayor gasto posible los de Iberia, pero no había tiempo material para tomar más porque cerraban el avión. Y sí, son gratis las copas. Toas las que se quieran. El avión no era de los más modernos y estaba un poco oxidao, no creo que le queden muchos viajes. Algunas protestas a bordo pues el avión iba hasta los topes y siempre hay alguien que molesta a alguien y la gente se queja. Unos padres viajaban con su bebé y habían reservado un asiento de la primera fila para poder poner una cuna y cuando se montaron en el avión no le correspondían esos asientos ya que estaban ocupados. Les habían engañado y montaron un buen pollo.
El vuelo salió casi con una hora de retraso, pero en el aire recupero esa hora y la llegada estaba prevista para las 19 h. (hora de NYC).
Y el sueño que se hacia realidad. Con la llegada al continente y el visionado por la ventanilla de las primeras luces sabíamos que estábamos volando Canadá y que pronto llegaríamos a NYC. De pronto empezamos a ver luces y más luces en lo que parecía ya Nueva York, pero no, todavía no habíamos llegado. Es increíble la cantidad de civilización seguida que hay por la costa entre Boston y Nueva York. Según la pantalla del avión, el aeroplano se encontraba ya sobrevolando NYC y empezando a aterrizar, pero nos pegamos así casi 30 minutos sin parar de ver casitas en lo que ya sin lugar a dudas era la ciudad pero aun lejos de Manhattan.
Aterrizamos on time (como dicen las pantallitas) pero como era el viaje de los despropósitos llegamos a las cercanías de la terminal 7 del JFK y nos paramos. En eso que suena otra vocecita (era el día de las puñeteras vocecitas) que nos dice: “les habla el comandante fulanito de tal, en unos 15 minutos aparcaremos ya que aun no nos ha sido asignado ningún parking”. Coño pues abre las puertas y nos bajamos ahí mismo. Sin ir más lejos, en el avión de vuelta de Granada a Barcelona con Clikair nos dejo el avión casi en Castedefells.
Pues resultó que los 15 minutos fueron más bien 50 minutos. Imaginaros lo que es estar 50 minutos dentro del avión en medio de la pista, sin información ninguna y desesperados sabiendo que nuestra primera tarde en Nueva York se iba al garete. Casi hay conato de rebelión abordo, sofocada cuando el aparato se empezó a mover en busca del parquímetro. Creemos que estuvo esperando a las 8 de la tarde que los parking ya no valen nada y es que estos de Iberia por no gastarse un duro no saben que hacer. Teníamos un retraso acumulado con respecto a nuestro planning de 5 horas y aun no habíamos ni bajado del avión. Así el esfuerzo por recuperar tiempo en el aire se vio truncado. Cuando dicen que los españoles somos lentos, vagos y que no dedicamos mucho esfuerzo a nuestro trabajo es porque no nos han comparado con los yanquis. ¡¡ Dios mío que panda de incompetentes y lentos!!.
Llegamos al “parking”, nos bajamos corriendo para no tener que hacer cola en inmigración y vamos, como si de España se tratase (hay que ir rompiendo tópicos) mas lentos que un desfile de pavos cojos. ¡¡ Coño que calma !!. De 20 ventanillas para que pase la gente había 15 para residentes en USA (solo 1 abierta) y 5 para no residentes, de las que solo había 4 abiertas. Parece como si los polis que ahí trabajan sean de los que los han puesto ahí por inútiles, porque desesperan. Tardamos alrededor de 30 min. Cuando delante no teníamos mucha gente. Los que se bajaran los últimos del avión aun estarán allí. ¿Les habrán dado aunque sea un bocadillo?.
Pasamos el control sin problemas, declarando que no hemos matado a nadie y que no lo vamos a hacer en la ciudad. Vemos que nuestro ingles aun funciona y hala a por las maletas.
¡¡ OH MY GOD!! ¡¡COHONES!! Que coño han hecho con las maletas??? Casi nos ponemos a llorar porque después del día que llevábamos cuando recogemos las maletas, estas tienen más rajas que un puticlub. ¿Como es posible? Joer es inaudito que esto pase con Iberia, con lo bien que ellos tratan lo ajeno......
Pues nada las recogemos con riesgo de que algo se nos caiga y nos dirigimos a protestar o a reclamar. Y oh!! Sorpresa, Iberia no tiene oficina en el JFK. Pues nada ¿donde vamos? A la British. Otra cola de otra media horita. Mientras aprovecho para cambiar un dólar en monedillas para llamar a Andy (nuestro taxista recomendado por el foro de Nueva York que frecuento, forofosdenuevayork.es y que me ha ayudado bastante) y para romper también el tópico de la amabilidad americana, no me hicieron ni puto caso. Tuve que comprar un chicle para que me cambiaran el dólar. Son más cabezas cuadrás que los alemanes. Si les han dicho algo, joer son más estrictos que toas las cosas. Que trabajo les costaría ayudar a este pobre turista.
Llamo a Andy y claro (fallo mío por no llamarle desde España informándole del cambio de vuelo), es que ese no era nuestro vuelo sino el de 4 horas antes, así que Andy pues estaría acostándose o algo así porque me dijo que no podía venir y que cogiera un taxi de los amarillos. ¿Es que los taxis de NYC son amarillos? Ya no entiendo nada a estas alturas. Por lo menos quedo con él que mañana nos recogerá para hacer la excursión de contrastes.
Llegamos al final de la cola y nos atiende una amable señorita la cual se pone las manos en la cabeza cuando ve las maletas y exclama (por eso lo de antes) : ¡¡ OH MY GOD !!. Pues eso digo yo. Ya podían haber metió en las maletas a los cenutrios que las han destrozao. Nos hace un papelito donde explica que están muy mal, nos las valora en 300 $ cada una (creo que se pasó un poquitín) y nos dice que llamemos a un numero de tlf. gratuito de Iberia para que nos acaben de solucionar el problema. Ya contaremos en otra ocasión el cachondeito de los caraduras de Iberia con las maletas.
Por fin salimos a la calle a respirar el aire poluto de NUEVA YORK. Y a esa hora, casi las 22 h., la puerta de la terminal estaba mas vacía que onde se da trabajo en mi pueblo. Por casualidad hay algún taxi y un señor muy amable que nos pregunta donde vamos, nos da una hojita donde dice que el taxi nos va a costar 48 $ (todo incluido menos propinas) y le dice al taxista que recoja eso que parecen maletas. Menos trafico no podía haber. Y nosotros más impacientes que un novio en el altar por ver los edificios míticos, pero se hacen de rogar, tanto que crees que ya no los ves. Pero cuando allí al fondo aparecen ya si te lo crees.
Ya estas en Nueva York. Ya no importa la hora, ni que llevas casi 24 horas despierto, ni que te han jodido la tarde en Nueva York (bueno de eso si que nos acordamos y mucho) y de que las maletas van rotas. Que peazo coches tienen los guiris estos. Así salen en tantas pelis los muertos en el maletero. Imaginaros meter a un fiambre en el maletero de un panda.
Cruzamos un tunel y al salir ya estamos en MANHATTAN. Coño que altos los edificios y que sensación de apretamiento. Tó más de noche que un cerrojo y las calles semivacías y esos edificios......vamos que casi pensamos que estamos en Gotham en Batman en vez de en Nueva York. Llegamos al HOTEL HELMSLEY MIDDLETOWNE de 3* en la 48 St. nº 148 East, muy rapidito, el amable botones nos recoge las maletas y las mira extrañado como diciendo “pues si que son raros estos españoles que viajan con las maletas rotas”. Pues no peazo mamón, que me las han roto y además una de ellas la estrenábamos ese día. Hacemos el check in con un sonriente afroamericano que ni papa de español y sin problemas subimos a la 8ª planta (hab. 810) a la habitación en un ascensor mas lento que caballo del malo.
Rápidamente y sin solución de continuidad (es decir ipso facto, usease con una prisa de mil demonios) bajamos pa la calle. Son algo más de las 22:30 h. y puede que aun pillemos algo. Andamos nuestros primeros pasos por la city buscando desesperadamente el Rockefeller Center y allí ante nuestras miradas se presenta el arbolillo iluminado con más bombillas que tetas en una playa de Torremolinos en agosto.
Después de secarnos la babilla con tanto espectáculo. Abrimos los demás sentidos del cuerpo y nos damos cuenta de que en la pistilla de hielo (porque es muy chica) hay mucha gente y suenan villancicos por los altavoces. Todo Navidad. A Prometeo le falta una zambomba para rematar la estampa navideña. Enfrente del Rockefeller y al lado de la Catedral de San Patricio la fachada de llena de copos de nieve. La gente que hace fotos y más fotos y las exclamaciones son multitudinarias.
Como el día ha sido más bien jodido por culpa de Iberia no podemos subir al Top of The Rock que era el objetivo primero y como ya son algo más de las 23 h. pues nos planteamos irnos al hotel pues la primera visita obligada al Rockefeller está hecha. Antes nos pasamos por un DUANE READER (una tienda) para comprar un adaptador, pues se nos olvidó en España y nos hacia falta, en Lexington Avenue entre la 47 y la 46.
Nos vamos pal hotel donde el chico muy amable que antes nos hizó el check in nos dice en un esfuerzo titánico para un yanqui “buonos naches”. Casí ná.
Deshacemos las maletas y creo que nos quedamos dormidos antes de meternos en la cama porque si contamos que desde las 07:00 h. de la mañana hora española a las 24 h. hora de Nueva York (06:00 am del día siguiente en España) aun estábamos despiertos pues imaginaros el cansancio y además el día 28 teníamos a las 9 am a Andy en la puerta del hotel a recogernos para hacer Contrastes.
Jueves, 28 diciembre de 2006
El día 27 después de que por culpa de Iberia, llegáramos 4 horas más tarde de lo previsto, Andy no estaba esperándonos ni podía venir por lo que quedé con él que el 28 haríamos la Excursión Contrastes (ya lo habíamos confirmado por e-mail) y que pasaría a recogernos a las 9 am por el hotel con su super flagoneta.
Pero antes comentaros un poco el tema desayunos del hotel. El hotel como he comentado era el Helsmley Middletowne en la calle 48 en el nº 148 East. Pues bien, el hotel correcto, el servicio escaso pero no se necesita más, las habitaciones amplias, con dos camas, enmoquetadas hasta el techo y con una calefacción antigua pero que calentaba más que la de la raja de la falda de los Estopa, y un ascensor mas lento que el caballo del malo, como he comentado anteriormente. Estaban de reformas en los ascensores y solo tenían uno disponible para 17 plantas por lo que había mas trafico que un lunes a las 8 la mañana en la M-30. Nosotros estábamos en la planta 8 en la habitación 810. Con un baño grande y limpio aunque con algunas humedades en el techo como en la habitación, pero son tan antiguos y poco reformados a lo largo de los años que estas cosas creo son normales. Además justo al entrar había una pequeña cocinita con su barra y su fregadero y una bandeja con una cubitera y dos vasos. Lo importante es que estaba limpio y espacioso.
El tema de los desayunos. Creíamos haberlo visto todo, pero no. Por la mañana nos levantamos y nos dicen que el desayuno se sirve en el hall del hotel (que no es muy grande) y nos preguntamos como leches consiguen poner las mesas allí, pero bueno, confiamos en la pericia yanqui. La noche anterior habíamos visto una cubitera y dos vasos en una bandeja y nos miramos preguntándonos que aquello pá que era, que si que era cutre si te pedías una botella de algo. Pero a la mañana siguiente descubrimos el porque de algunas cosas. Bajamos al hall dispuestos a rellenar opíparamente nuestras barrigas con un suculento desayuno, pero oh no!!!!...... Joer si no hay mesas, si no hay servicio de camareros.... pero esto..... que coño es???.... Ahora comprendimos el significado de las bandejas. La bajas de la habitación la rellenas de café y bollos, la subes a la habitación y desayunas allí. ¡¡Vamos lo nunca visto!! Resulta que en dos mesas del hall tienen en una cesta con bollos mas malos que chupar una pila alcalina y en otra unos termos con café y agua, y en medio unas bandejitas con zumos en cartón piedra, la leche en cacitos como la que ponen en los aviones y el azúcar y esas cosas como el té. ¡¡Me queo frito!! Vamos que subimos a por la bandejita, la llenamos de cosas de esas dulces y café y pá la habitación a desayunar. Creo que no nos dirigimos la palabra pues necesitábamos tiempo para digerir aquello del desayuno y sobre todo los bollos esos que ponen. El café, pues americano, es decir agua sucia.
Dejamos la bandeja y lo que sobró en la barra de la minicocina de la habitación y nos dispusimos a bajar y esperar a Andy con su furgona para irnos a dar un voltio por la ciudad.
A eso de las 9:15 (Andy esa puntualidad.....) llega Andy y su limpia (em??) furgoneta. En ella ya estaban montados una pareja de Tarragona que también era su primer día en la City y habían contactado con Andy para la excursión. Saludamos a Andy en persona y comprobamos como el tío es mas grande que yo que se. Con una ropa que incluso a mi me estaba grande sin ser el tan grande como yo. Su gorrita tipo Yanqui (coño, si es yanqui) y como el tizón de oscuro. Ahora eso sí mu güen tipo. Es como House pero en transportista y es que también cojea. Una herida de guerra lo lesionó y es que antes era soldado yanqui. Estuvo en Vietnam según nos comentó.
Nos montamos, nos saludamos y nos vamos a la parte posterior de la furgoneta en la que llevamos como acompañamiento todo el rato a un simpático palo de un cepillo que la verdad es que hace muy buena compañía. Ahora, eso sí, un poquito estirao el hioputa.
A dos calles de nuestro hotel recogemos a otras 3 personas de una familia de Barcelona. En total somos 7 y Andy por lo que comenzamos con nuestra EXCURSIÓN DE CONTRASTES a eso de las 9:30 am dirección Uptown.
Subimos por Amsterdam Avenue hasta la 72 donde giramos hacia el Este (hacia Central Park). Esta calle nos comenta, que Steven Spilberg siempre la saca en sus películas pero no sabemos el porque aun. Llegamos a la esquina de la 72 St. con Central Park West, donde Andy nos invita a comprarnos un apartamentito en los Dakota (es que no llevaba suelto en ese momento)
Desde la furgoneta vemos por primera vez el Central Park. Parece Otoño. Este año con las temperaturas que está haciendo los árboles están con la hoja recién caída y es como visitarlo en Otoño y no en invierno. Es impresionante ver árboles y árboles, o mejor dicho ramas y ramas, en medio de una gran ciudad como Nueva York. Subimos por el Central Park West y seguimos la ruta dirección norte. Mantenemos una animada charla de la conveniencia de que las mujeres vayan a correr a Central Park tan recortaitas de ropa. Pues eso, según Andy, motiva a los acosadores y provoca asaltos sexuales en el parque ya que nunca esta cerrado. Dice que es como si en un coche dejas la cartera en el sillón, a la vista de todos, dice que es provocar y lo otro también, pero bueno no se yo si.... Se notaba el tono de broma y jocoso.
Continuamos con la animada charla, esta vez de lo grande que es Central Park y de las calles que lo cruzan donde pasan los coches (las Transverse) y nos comenta que vamos a intentar cruzar por alguna de ellas en coche para ver el parque por el interior. Llegamos hasta el final del Central Park y giramos por la 110 St. hacia el Este para buscar la 5ª Avenida y bajarla pasando por la Museum Mile viendo los museos: de la ciudad, el judío, el Cooper-Hewit, el Guggenheim y el Metropolitan que vaya si es bonito con esa escalinata y lo grandioso que es. Me gusta que los museos importantes estén en edificios importantes y representativos. Y como lo prometido es deuda Andy que en la 72 St. se adentra en Central Park. La verdad es que el mundo de los centralparkinos es extraordinario. Desde gente mayor que apenas se puede mover con su chándal andando, hasta madres con el carrito del bebe atado a la cintura y dándole empujones corriendo detrás de el.
Es un gran mundo dentro de otro gran mundo. Lastima que no podamos pararnos a disfrutar viendo como disfrutan otros. Además hace un buen sol, lo que anima el paseo. Subimos el parque a la vez que lo vamos cruzando hacia el Central Park West de nuevo saliendo a la 81 St. casi enfrente del Museo de Historia Natural. También muy bonito y que visitaremos el día 2 de enero.
Llegamos hasta la Iglesia Catedral San Juan el Divino, en el nº 1047 de Amsterdam Avenue a la altura de la 112 Street. Es la primera parada con Andy para poder disfrutar de su belleza y estirar las piernas. Es muy grande y bonita y lastima que se encuentre en reformas. Es un poco feo ver todos los pasillos cubiertos de pladur con lo bonita que debe de ser. Hubo un incendio y ahora están restaurándola. Pero el interior de la Iglesia, propiamente dicha, no esta en reformas y comprobamos la belleza del lugar con más pascueros que en la Plaza Mayor de Madrid en Navidad. Todo muy bonito. Nos dice Andy y comprobamos que no es una Iglesia Católica, sino de las muchas Iglesias que pululan por Nueva York. Está preparada para albergar conciertos y hay muy poca gente dentro visitándola.
Nos volvemos a montar en la peazo de flagoneta y continuamos nuestra marcha hacia el Harlem, hacia el Norte. Lo hacemos por Amsterdam Avenue y pasamos por la prestigiosa Columbia University. Vaya como lo tienen montado esta gente y que suerte poder estudiar ahí. Según Andy cuesta una pasta y no todo el mundo lo puede hacer.
Entramos en HARLEM y pasamos por debajo del puente donde se encuentra la parada de metro de la línea roja 125 St. En esta parada hay que bajarse para ir hasta la Antioch Baptist Church. Giramos en la 125 St. hacia la izquierda para ver, a unos 50 metros desde la estación, el Cotton Club, un decadente club en la actualidad pero que en sus años fue muy importante. Giramos con una pirulilla de las que no se deben hacer si no quieres que te quiten algún punto del carnet de conducir y nos vamos dirección Este por la 125 St. Pasamos por la puerta de la Antioch y la emplazamos para el domingo 31 de diciembre. ¡¡Hasta el Domingo!!. Y un poco más adelante empezamos a ver una marea negra (no es ningún puerto ni ha encallado ningún barco). ¿Que será? Joer cuanto negro. Será el día de cobro??. Pues no. ¡¡Oh sorpresa!! Es la capilla ardiente del gran James Brown en el Teatro Apollo de Harlem. Impresiona tanto negro y los únicos blancos los de las televisiones que trabajan en directo. No nos bajamos pues ni hay aparcamiento ni encontramos sentido a bajarnos y seguimos nuestra marcha por la misma 125 St.
Pasamos por la oficina de Bill Clinton (han puesto al lado una tienda de pañuelos de papel, je, je, je...) y desde que está aquí el barrio ha cambiado mucho y donde antes no se veía un blanco ahora es difícil no verlo.
Nos adentramos en una callecita de Harlem y hacemos otra parada para poder caminarla y contemplar la vida diaria del barrio. Ningún problema y eso que íbamos pertrechados de cámaras de fotos y video. La gente ni siquiera nos miraba. Incluso nos hicimos alguna fotillo con edificios típicos de Harlem y no paso ná de ná.
Nos volvemos a montar en la furgona y nos encaminamos por la 125 St. hacia el Este, nos espera el Bronx, nos espera la aventura.
Por el Willis Avenue Bridge cruzamos al BRONX. Y oye, los pelos se nos pusieron de punta y las orejas más tiesas que una mojama. ¿Nos pasará algo? Andy nos tranquiliza: “no es nada de lo que dicen y os lo voy a demostrar”. Lo primero que hacemos es pasar al lado del estadio de los Yankees y darle un voltio. Es mu grande y se respira historia de béisbol junto a este estadio. Ahí saco la polémica Mets Vs. Yankees. Lógicamente Andy dice que los Yankees son más importantes, pero ¿pensará lo mismo su hermano Lilo que vive en Brooklyn? Esas disputas familiares me ponen.....
Nos adentramos un poquito más en el Bronx, donde no vemos ningún tiroteo, ni ningún asalto ni nada por el estilo. Nosotros que creíamos que íbamos a la selva. Y es aquí donde el gran Andy se estira más que una gomilla en la peluca de Bob Marley y nos invita a unas cervecitas. Bueno que coño cervecitas, unas peazo cervezas de litro que pá que. Unas Budweiser de un litro, pero eso sí, cosa curiosa del puritanismo americano, nos da una bolsita de papel para meterlas dentro y que no se vea lo que bebes.... sin comentarios....
Con una medio taja (es comprensible pues sin tomar bocado un litro cerveza así sin más pues como que afecta) seguimos nuestra excursión hip, hip....
Espero que Andy que también se esta jincando otro litro de esos del mejunje rubio no este piripi que si no...
Para que veamos que el Bronx no es lo que nos pintan en las pelis y esas cosas, Andy nos pide que caminemos una calle entera (el al lado con la furgoneta). Hacemos algunas fotos y lo que más me sorprende es ver en una calle donde las casitas son chunguillas, un peazo Audi 6. Como mis amigos del polígono de Graná. Marginal pero con unos cochazos que no veas. ¿Porque será?
Tras sobrevivir a este paseito por el Bronx cogemos carretera dirección Queens. Antes pasamos por la estación Simpson que dice Andy que fue la más chunga de la ciudad en los años malos del Bronx. Ahora nada de nada.
La visita a QUEENS fue de lo más rápida que he visto, pasábamos de una parte del río a otra sin más y buscando más Brooklyn que visitando Queens, pero bueno pa otra vez ya tenemos algo pendiente.
Camino de Brooklyn caravana. ¡¡Ohhhh!! En esas que hablamos del foro (forofosdednuevayork.com) y de una mujer que no conoce a Andy... ¿como se llama? ¡ah! Karmele. Gracias por darnos a conocer a Andy. Hablamos de algunas cosas de la vida privada de Andy que como es privada pues ahí se quedan.
Las vistas son muy bonitas y espectaculares desde el otro lado del East Side River. El cementerio y detrás los rascas es una imagen como poco espectacular.
Llegamos a BROOKLYN y joer cuantos judíos con las patillas mas largas que el miembro de Nacho Vidal. Vaya gueto. Esos si que son raros. Pero raros, raros. Con toicas las ventanas con rejas (ni que estuvieran en el Albaycin ni la Andalucía de los años 40 pelando la pava). Como haya un incendio pues judíos chamuscaos al canto. Y anda que no vimos. Un montón.
Poco más de Brooklyn vimos hasta que llegamos a las inmediaciones del Puente de Brooklyn. Lo cruzamos por debajo y nos apalancamos abajo de Old Fulton St. En la explanada que hay al lado del River Café.
Bea y yo nos despedimos de Andy y nuestros acompañantes y ahí finaliza nuestra excursión. Vamos a comer al lado.
Tras algunas fotos y un momento de relax, mirando Manhattan dejando correr la imaginación nos movemos en la misma calle para hacer cola en GRIMALDI’S. Una pizzería muy recomendable y a muy buen precio con unas pizzas muy ricas y grandes. Esta en Old Fulton Street a 50 metros del River Café. Una peazo pizza y dos refrescos 35,20 $ tax y tips incluidas. Lo dicho recomendable.
Para bajar la pizza subimos por la misma calle y nos dirigimos a uno de los destinos más importantes del viaje. Aun ahora lo escribo y se pone la carne de gallina. También al recordar el frío que hacia....
Nos adentramos en el Puente de Brooklyn. Cruzarlo es una bonita sensación y hace que el Downtown no parezca tan grande como es. Los edificios están ahí al lado, tan pegaos los unos a los otros y tan altos. Y abajo el Pier 17.
Caminar por el Puente de Brooklyn, a pesar del frío que hacía, ha sido una experiencia muy bonita y además hacerlo junto ha quien quieres. Ver como estás por un lugar que tantas veces has visto en pelis y en fotos y que te has imaginado en el que aun hoy creo que no éramos nosotros quienes estábamos allí. No se, era como si no quisiéramos llegar al final porque esa vez, la primera ya no volverá a ocurrir. Todo lo recordamos perfectamente. El Empire al fondo con el sol en sus ventanas, al otro lado la Estatua de la Libertad, enfrente el Downtown, detrás Brooklyn y nosotros encima justo del Puente. Vamos, lo dicho. Una experiencia realmente bonita.
Y como todo tiene su final, nosotros llegamos al final del puente ya en Manhattan. Salimos al lado de Pace University y desembocamos en el Municipal Building, justo enfrente del Parque del City Hall. Nuestro objetivo era el Ferry de Staten Island antes de que anocheciera por lo que no es que fuéramos corriendo pero si ligeritos. Bajamos por Nassau St. y así aprovechábamos pasando al lado del edificio de la Reserva Federal (quien pillara las llaves de esa caja fuerte), del Federal Hall y lo que es mas nombrado, la Bolsa de Wall Street. Lo primero que se nos viene a la cabeza es “joer que pequeño y estrecho es esto”. Pero eso tan pequeño es tan de suma importancia que casi todos dependemos de como se porten sus inquilinos cada día. Había mucha seguridad alrededor de la Bolsa pero como era Navidad, el espíritu navideño les envuelve con un arbolillo muy bonito en la puerta. Por ese entonces hacia mucho frío y todas las ropas posibles, guantes y gorros ya estaban colocados en su sitio para que abrigaran al máximo.
Las calles son muy estrechas para la altura de los edificios, no se si el suelo llegará a ver el sol en algún momento pero es una zona fría en todos los aspectos. Cruzamos por una callecita muy estrecha, Stone St., desde la continuación de Nassau (Broad St.) hasta la Withehall St. que desemboca en la Terminal del Ferry de Staten Island. Tan solo esperamos 10 minutos y estábamos de los primeros para entrar y después de pasarnos esos 10 minutos pensando donde ponernos para ver mejor todo, decidimos que arriba en la última planta y al lado derecho, para ver la ciudad y la Estatua de la Libertad.
No iba lleno el Ferry y además con el frío que hacia en cubierta no había mucha gente así que para un tiarrón como yo me vino mu bien ya que pude contemplar y fotografiar tanto al Estatua de la Libertad como la ciudad desde el Ferry.
Tras una buena caminata este paseo en barco fue muy reconfortante porque nos dio tiempo a descansar y a estirar las piernas (dentro había poca gente). A la llegada a STATEN ISLAND no había mucha gente así que nos hicieron salir del barco, y nos montamos en el siguiente de vuelta siendo nuestra estancia en Staten Island de unos 3 minutos aproximadamente. Mu bonita por cierto (je, je, je...).
A la vuelta a la Terminal compramos una tarjeta de teléfono, la Diamond. 5 $ y bueno hablamos 5 veces unos 5 minutos por llamada con España.
Bajamos al metro en la misma terminal (parada South Ferry de la línea roja) compramos una tarjeta de 10 $ y 6 viajes dobles y nos dirigimos hacia arriba a otro de los objetivos del viaje, Times Square.
Nos bajamos en la parada de la línea roja 42 St. Times Square. Los nervios te corroen porque no sabes que vas a ver. Como ocurría antes en el Puente de Brooklyn, han sido tantas imágenes vistas y tanta imaginación en marcha para imaginarte como es que ahora parece que no es verdad, pero si. Sí lo es.
Cuantisima luz, cuanto estimulo visual, que derroche de energía. Como dijo Bea, en una de sus frases míticas del viaje: “joer ¿cuanto gastaran aquí en bombillas?”. Pues mucho y además nunca sabes si el anuncio que hoy ves estará mañana y el de mañana si es el de hoy.
Es otro de nuestros sueños cumplidos, una alegría inmensa y sobre todo el saber que estamos en el centro del mundo, que ahora mismo somos envidiados por millones de personas y que por aquí han pasado aun más personas. Todos los anuncios son modernos, luminosos, llamativos. Es un haz de luz en medio de la ciudad más alta y oscura del mundo.
La verdad es que a esas horas ya acusábamos el cansancio y la caminata del día así que pusimos rumbo al hotel subiendo por Broadway hasta la 48 St. y girando hacia el Este hasta Lexington Avenue donde estaba el hotel. Pero el día nos deparaba otra agradable sorpresa y es que antes de lo previsto, nos cruzamos por el camino con una vista impresionante del Chrysler Building.
Así llegamos otro día al hotel con los pies destrozados y el cambio horario haciendo mella, ¿los pies? ¿Eso que es? ¿Dónde están?....
Viernes, 29 diciembre de 2006
Y llegamos al 29 de diciembre, a tan solo dos días de cambiar de año en la gran manzana y lejos de la family.
Hoy tenemos el día bastante apretadillo y es que nuestra intención es visitar Chinatown, Little Italy, Tribeca, Soho, Greenwich Villlage, Chelsea, Meatpacking y por la noche ir al Fantasma de la Opera. Vamos toda una aventura.
Como cada día nos levantamos a eso de las 8 de la mañana para aprovechar aunque sea el poco y malo desayuno del hotel, pero hoy nos vamos sin desayunar. Manolo el del “Mi Café” (cafetería de Sant Andreu de la Barca en Barcelona) viajó en el puente de diciembre y cada día iba a Chinatown a desayunar ya que había un sitio donde los desayunos eran muy ricos. Lo que si hacemos como cada día es abrir la puerta de la habitación y encontrarnos el New York Times . Esto de los periódicos yankees es pa jartarse reír. Ahora comprendo porque les llaman sábanas. Viene el periódico dividido en 6 ó 7 partes y son más pesaos que yo que sé. Llevan menos entretenimiento de fotos y dibujitos que una declaración de hacienda y además los artículos se hacen interminables. Pero bueno tampoco nos vamos a poner así cuando ni siquiera leímos uno solo. Íbamos a por el tiempo del día y yo de camino ojeaba los deportes a ver si decían algo de casa, pero no, solo salían los deportes americanos, por lo que miraba la NBA y a lo que hacen nuestros chicos.
Salimos del hotel en la calle 48 y nos dirigimos a la parada de metro de la línea verde 51 St. Y cogemos dirección downtown hasta la parada Canal St. Esto del metro funciona muy bien ya que además de ser sencillo es muy útil. Hay trenes directos que te ahorran algún tiempo y si vas lejos pues como que los agradeces.
Este día es el que definitivamente nos dimos cuenta que Nueva York huele a comida en tos laos. Apesta!!!. Vayas donde vayas siempre hay alguien con comida caliente, humeante y olorosa y solo huele a comida. Además no es comida agradable, porque si oliera a tortilla papas pues como que no es lo mismo. ¿Tanto trabajo les costará comer en casa o sentaditos en un bar? Ese American Way of Life es una mierda (con perdón) pero prefiero el Spanish way of life, eso si es vida coñoooo!!!! Y en este momento es cuando se echa de menos y ese: “jefe unas tostaitas de tomate y un café con leche” y en tazas no en vasos de papel. Asín van a acabar con los árboles, tanto vaso de papel.
Bueno lo dicho, que ese día íbamos hacia la parte baja de Manhattan y desayunábamos por el CHINATOWN por recomendación. El sitio está justo al salir de la estación de metro en Canal St. En la acera de enfrente (joer si yo creía que eso era en el Village) en un sitio que pone Bakery. Nosotros entramos y solo veíamos a chinos. Aquello parecía Shangai en hora punta. Además allí nadie hablaba ni siquiera ingles y los letreritos estaban en chino (suponemos) y en un ingles más malo que el español de uno de pueblo que aun dice haiga.
Había comida china pa llevar (esto si lo han aprendido de los yanquis), y unos dulces mu raros pero algunos con muy buena pinta. Cogemos un cartoncito de zumo de naranja y compramos cada uno un dulcecito.
Buahhhhhh!!!! Coño que malo!!! Los pastelitos no estaban más malos porque no llevaban veneno. Joer Dios mío ¡es que queréis matarnos! Por favor, no cometáis la imprudencia que cometimos nosotros. El zumo estaba más malo que chupar una suela de zapato de un ganadero, pero al lado de los bollos aquellos que llevaban no se que demonios, era como agua en el desierto. Y lo que es peor, oíamos a la gente decir ¡¡ummm!! cuando osaban a llevarse a su boca un pedacito de aquellas marranadas. No me extraña que estén asín….. Ese no era el sitio recomendado, nos equivocamos.
Tras el fracaso del desayuno emprendemos nuestra aventura dirigiéndonos al TRIBECA tal como teníamos previsto en nuestra hoja de ruta para ese día. Hacia un día magnifico. Mucho sol y algo de frío en la sombra pero muy soportable y al sol se estaba que no os quiero contar pero vamos como pa quitarse el chaquetón.
Por Canal St. llegamos hasta Broadway y giramos hacia el Sur hasta Franklin Place. Allí, como un oasis en medio del desierto Bea vio un bar donde había bocatas. ¡¡Dios existe!! Ya estábamos famélicos aunque a mi me quedan reservas hasta el día taitantos del 2025 por lo menos, pero había hambre joer. Después de manchar nuestras boquitas inmaculadas con aquellas groserías que llaman comida, cualquier cosa medio normal que en España ni siquiera probaríamos nos parecía el cielo. Entramos en ese sitio, llamado PECAN en Franklin St. Nº 130, justo en la plaza del mismo nombre que la calle donde nos hincamos un bocaillo becon que nos supo a gloria.
Aquí es donde a Bea le salieron del alma unas frases míticas que soltó durante el viaje: “Los españoles somos tontos”, “En España se vive mejor” y “No estamos hechos para desayunar en la calle andando, eso no sienta bien”.
Vamos, tiene más razón que un santo. No entiendo como podemos añorar como comen o viven los neoyorquinos cuando además de poco saludable, nuestro modo de vida es doscientas noventa mil veces (como poco) mejor. Que alguien me lo explique… please…..
Es curioso de todas formas ver a la gente con los portátiles en el bar en Internet un rato. Pá mi que tenían zapatillas de paño y guatineé y se bajan de casa a engancharle la conexión al del bar pa no pagarla ellos porque tenían una pintas de estar por casa que pa que.
Tras reponernos y llenar nuestros estómagos con un buen tocino, nos adentramos en Tribeca para ver que tal es el barrio. Nos hicimos toda la calle Franklin hasta Greenwich St. En el recorrido vimos los restaurantes y la productora de cine de Robert de Niro. Pero había menos gente en la calle que un concierto de cañita brava. Giramos hacia el Sur por Greenwich St. donde vimos el Washington Market Park, que es recogidito y cuco y está lleno de madres con los niños (eran vacaciones), el Duane Park, que más que un parque es un jardincillo como las medianas de Íllora con dos o tres setos, y una manzana más al norte, en Thomas St. vimos, aunque se veía de muchos más sitios por lo inmenso del armatoste de ladrillos, el Western Union Building.
En nuestro paseo por el Tribeca vimos los bidones de agua en lo alto de los edificios, los aparcamientos a mogollón y el color rojo de los edificios llenos de escaleras de metal. Algo que nos resulto curioso y propio de la ciudad. Y lo más de lo más, una tienda de ropa de animales. Estos guiris son la leshe. Mira que ponerle ropa a los animales…. Si los vieran en el cucu…..
Volvimos a Broadway y de ahí en sentido inverso al trayecto anterior nos adentramos por Canal St. en Chinatown.
Afortunadamente Bea no es de bolsos de esos de marcas porque si no nos arruinamos. Tiene alrededor de 30 bolsos, pero ninguno de marquita, bueno, miento que compró uno de Calvin Klein el último día. Nos disponíamos recorrer Canal St. para ver el mercadeo que ahí hay habiéndonos hecho la promesa de no comprar nada pues teníamos que ir deprisa si queríamos ver todo lo previsto para el día. De todas formas entramos en varias tiendas a echar un vistazo. Repito, afortunadamente, Bea es muy miedosa y no se fía ni de su sombra, cosa que me parece mu bien. Le documenté a través de los sabios comentarios de mis compañeros del foro “forofosdenuevayork.com” de las bondades de entrar con los chinitos a esos sitios donde tó es mas falso que lo que se vota en el parlamento. Pero Bea erre que erre, que no entraba, y los chinos venga a decirnos: Louis vutton, carolina, chanel…. Y ella más pesa que una vaca en brazos no accedió a acompañar a ninguno de esos amables estafadores chinos a ningún sitio. Pero he aquí que se le ocurrió preguntar por unos bolsos en una tienda y ocurrió lo siguiente. Vio un bolso de Carolina Herrera que le gusto para hacer unos regalos, Bea decía que comprábamos 5 y ya estaba todo solucionado para las mujeres. Le pregunta al chinito por el precio y este con un ingles mu güeno le dice que….. 180 dólares….. ¡¡¡¡Jururrrr!!!! ¿soloooo? Pues enga ponme los 5…. ¡pero tu estas de cachondeo?? ¡¡a que te mando a Torrente!!. Bea en ese momento empezó a sumar….. 180 $ x 5 = ¡¡Coñoooo!!. Le mira al chinito y le dice que es una pasada y este le dice tras hacer una supuesta cuenta en una calculadora que se los deja en 120 $ cada uno. ¡¡Así me gusta!! Ahora mismo los compramos. Pero este chino ¿es tonto o se lo hace?. Y aquí el detalle que demuestra que Bea no sabía ni donde se metía. Coge el bolso, le da 20 vueltas, lo mira y remira, y le dice al chino: (traduzco) “y como este en falso”…. El chino se acerca sigilosamente a nosotros, mirando pa tos los laos por si alguien lo vigila y sutilmente y cagándose en toa nuestra familia nos dice entre sorprendido y enojado: “¡¡It’s not autentic!!”. Sin comentarios….
Salimos de allí con una cara de paletos que pa que os voy a contar. Parecíamos Paco Martinez Soria cuando pasea por la ciudad con la cabra o el cordero o el pollo, yo que sé, pero la verdad sea dicha, todo lo que allí había era muy hortero.
Teníamos claras dos cosas, que no entraríamos a ver nada a los locales oscuros y sucios de los chinos y que en las tiendas no compraríamos nada. Así que nos preguntábamos que leches hacíamos entonces en Chinatown si no era para estafar a alguien, o a los que hacen los bolsos verdaderos o a los que se los compras y le dices que es original y mu bueno. Llegamos hasta la Confucius Plaza y comprobamos que el Puente de Manhattan estaba en su sitio, así que nos dirigimos hasta LITTLE ITALY o lo que es lo mismo Mulberry Street.
Es lastimoso ver como lo que es sin lugar a dudas, la zona más mediterránea y latina de Nueva York, esta cambiando los letreros de Restaurante Pier Luigi por el de Jin Chuan. Vamos como no les pongamos freno a estos chinos pronto llegan a Times Square y el Bubba Gump se convierte en el Rollito de Primavera Restaurant.
Por el camino a Mulberry St. atravesamos los mercados típicos de Grand St. pero nos quedamos con el Mercado de la Boquería. Ande se pongan las cosas frescas y bien puestas que se quiten las cosas apestosas (como las gambillas esas finas y chicas que apestan mas que la entrepierna de una p….). Ahora, eso si, curiosas eran las verduras que allí había y las aves fritas enteras expuestas cual posible comida. ¿pa nosotros? No hija noooo!!!. Mulberry St. es otra cosa. Los italianos son muy italianos y eso que ahora no debe de ser nada de cómo era hace unos años. Pero aun así se nota diferente. La calle estaba adornada con unas cintas del color de la bandera italiana de punta a punta de la calle dándole un aspecto más navideño a la zona. Porque quitando el Rockefeller y algunos arbolillos de Park Avenue y Madison Avenue, la decoración navideña brilla por su ausencia, o mejor dicho no brilla. Si no fuera por los escaparates de las tiendas …… Llevábamos recomendación de Manolo del “Mi Café” para comer en Angelo´s, pero pasamos por la puerta de LA NONA donde había un señor muy amable que en un perfecto castellano se dirigió a nosotros para invitarnos a entrar y que comiéramos allí. Y nosotros como no somos de España pues nos paramos a hablar con él. Resulta que sus padres eran de Santobastián, así que el amor patrio nos pudo y elegimos La Nona, en Mulberry St. para comer. Pero aun era muy temprano, las 12 o algo menos así que decidimos que nos íbamos para el SOHO hasta las 14 h. que volveríamos a comer. Por Mulberry St. llegamos hasta Prince St. donde giramos al Oeste hasta Broadway donde llegamos al SOHO y lo primero que vimos fue el Guggenheim Soho. Este es el barrio de Nueva York que mas nos ha gustado. Es el barrio de moda y eso se nota en sus calles y tiendas. Por fin creemos estar en un sitio con vida propia después de tantas vueltas sin ver a nadie en las calles y solo a turistas.
No paramos de recorrer sus calles y el Cast Iron Historic District. Nos perdemos en sus calles y tiendas (Louis Vutton, Custo Barcelona…..) y vemos el Haughwout Building, el restaurante Baltasar y el edificio Little Singer. Pero lo que mas nos llama la atención es una tienda de comida que solo vende productos españoles, “Despaña”. Creo que esta en Spring St. o en Prince St. entre Broadway y Lafayette. Entramos y es un paraíso. Un olorcillo a tortilla de patatas que tumba de rico, estanterías llenas de productos españoles como anchoas de l’Escala y del cantábrico, aceitunas La española y aceite de oliva de Jaén. Ahora eso si, más caro que el bolso del chino. Al final hacemos nuestras primeras compras porque tiendas entramos en unas 15 por lo menos, algunas por curiosidad y otras para comprar algo si había algo bonito. Donde más tiendas entramos fue en Broadway y en Armani Exchange es donde hicimos nuestra primera compra de rebajas en Nueva York. La tienda es normal, ni grande ni pequeña, estaba muy bien ordenada, pero no me extraña pues había unos 200 dependientes y dependientas que dentro de poco tendrán que llevar sonotones porque la música no es que estuviera alta, es que ni se la veía de alta que estaba. La tienda esta en el 568 de Broadway, en el Soho y Bea compró dos camisetas, una de bonito y otra mas de tirailla, en total 73 $.
Como la hora apremiaba y era hora de comer nos fuimos hasta Mulberry St. hasta La Nona a eso de las 14:30 h. a comer. La comida estaba muy buena. Lógicamente comida italiana, pasta y pizzas. Nosotros pedimos pasta, con una ensalada para compartir, postre y agua por 52,50 $. Por cierto, el agua del grifo de Nueva York no está mala así que para que no nos clavasen 5 $ por una botella de agua pediamos Regular Water (uzeaze, la del grifo) nos ponen un vaso lleno de cubitos y nos van rellenando el agua ellos cuando ven que te la has acabado. Es lo mejor pa beber.
Al salir, fuimos por Mulberry St. de compras a un par de tiendas que antes había echao el ojo Bea. Entramos en “The Paul Frank Store” donde hay ropa de diseño graciosa con un mono como emblema. Esta en el nº 195 de Mulberry St. Por supuesto Bea compró una camiseta con el mono ese por 22 $.
Más adelante hay una tienda de ropa ecológica de bebes y como en enero seriamos titos de Enma pues también compramos un body superbonito por 22 $ también curiosamente. El sitio se llama “Cat Fish Greeting’s” en el nº 219ª de Mulberry St. Pero teníamos que continuar nuestro camino así que convencí a Bea para irnos hacia el GREENWICH VILLAGE llegando a el desde Bleecker St. al final de Mulberry St.
Este es el barrio bohemio y universitario de Nueva York y eso se nota en la vida de sus calles. Pasamos por el Café Fígaro, en Macdougal St., nos volvimos locos para encontrar el Cherry Lane Theatre en Commerce St., detrás de Bedford St. Pero para un loco de Friends como yo mi objetivo era claro, el cruce de Bedford St. con Groove St. O sea el edificio de los exteriores de Friends.
Ya empezaba a anochecer y la verdad es que el barrio es muy bonito. Recuerda mucho a los exteriores de Sexo en Nueva York aunque digan que ella vive en el Upper. Preguntamos a un amable neoyorquino que curiosamente hablaba castellano y nos dijo que en este barrio rodaban los capítulos de Sexo en Nueva York. Nosotros lo creímos. Por cierto no dejéis de ver dos edificios más debajo del de Friends el edificio, o más bien la casa, Twin Peaks, una de las más bonitas del barrio, en el 102 de Bedford St.
Camino al Village, a la zona mas resbaladiza de Niu York (ja, ja, ja… de buen rollito eh???) me entraron una ganas enormes de evacuar liquido asín que descubrí una cadena de bares, el CAFÉ ESPAÑOL, que amablemente me dejaron entrar. Lo único es que no eran españoles, sino sudamericanos y por eso no me extraña que cuando vienen los guiris a España se ponen un sombrero mexicano.
Al final de Bedford St. está Christopher St. y si giramos esta calle hacia el Este nos adentramos en el VILLAGE. En el cruce de la 7ª Avenida con la W 4th. St. estamos en Sheridan Square donde comprobamos insitu como el local gay más famoso, el Stonewall Inn estaba cerrado por reformas. Y con lo que a mi me gusta echarme unas cervecitas en un bar gay!!.
Un solo pero, el barrio cada vez corre más riesgo en parecerse al barrio rojo de Amsterdam y no a un barrio vivo como Chueca en Madrid. Eso que ganan los gays de Madrid.
Ya es muy tarde y esta noche tenemos musical, así que dejamos CHELSEA/MEATPACKING para otra ocasión (que una vez llegados del viaje será para otro viaje porque no nos dió tiempo ir otro día). Así pues nos vamos directamente a través de W 4th. St. hasta Washington Square Park donde disfrutamos de una vista de la 5ª avenida muy bonita con el Empire al fondo. Hacemos algunas fotillos al Arco de Washington y nos tiramos de los pelos por no haber comprado una casa en Washington Medows en vez de la que nos compramos donde ahora vivimos. ¡¡Joer que rabia!! Y eso que teníamos dinero pa eso y pa más.
Nos dirigimos a coger el metro para ir al hotel a Astor Place. Pero antes otra parada de tiendas en Broadway, esta vez en Gap y en Benetton donde no vemos nada interesante y ya si nos metemos en el metro línea verde en la parada Astor Place hasta la parada 51 St.
Nos adecentamos como podemos (tampoco se pueden hace milagros con mi careto y mi cuerpo serrano), nos ponemos guapos y nos vamos dando un paseito desde el hotel en la 48 St. entre Lexington y la 3ª hasta la 44 St., al TEATRO MAJESTIC a ver y disfrutar el FANTASMA DE LA OPERA. Por el camino nos comemos un perrito (yo con cebolla) cada uno y nos clavan 5 $. Ni más ni menos. Pasamos por delante de la cámara del Friday’s de Times Square a saludar a la people y pal teatro.
Llegamos más bien justitos, a las 19:55, lo justo para evitar las colas de entrada pues casi todo el mundo estaba ya dentro. Como habíamos comprado las entradas por Internet y las había impreso (es lo más recomendable con un 60 % de descuento) fue entrar y sentarnos al lado del pasillo justo abajo en la fila R asientos 113 y 114. Las compramos en www.theatermania.com y nos salieron cada una por 65,50 $. Es lo más recomendable porque evitas tener que ir al TKTS (tickets: oficinas de venta de entradas de última hora y baratas) y perder el tiempo en buscar buenas entradas.
¿El musical? Pues a quien haya estado sabrá lo que nuestro silencio significa. Simplemente espectacular. Aun hoy no entendemos como cohones pueden hacer el montaje que hacen en aquel escenario. Cerramos los ojos y lo vemos y oimos.
Es de las cosas que mas nos han gustado de Nueva York, junto con la misa gospel que ya contaremos. Solo os puedo decir que no os lo podéis perder, que es genial y que los artistas son unos grandísimos profesionales y que la obra se hace corta. Es muy buena y disfrutamos muchísimo. Recomendable no, obligatoria.
Salimos extasiados de la obra y buscábamos un sitio para cenar. Fuimos hasta el Smith’s en la 8ª Av. Pero estaba a tope y además el grupo que tocaba ese día era bastante flojillo. Así que decidimos buscar otro sitio. Todos los que nos gustaban estaban cerrando y me acorde del Bubba Gump pero no dejaban entrar a mas gente, estaba a tope y la verdad, tampoco nos apetecían gambas a las 11 de la noche.
Y ¿para que complicarnos más la vida? Ahí al lado estaba el HARD ROCK CAFÉ. Entramos, bajamos y nos apuntamos en lista de espera para una mesa. Es curiosísimo ya que das el nombre que quieras y apareces en una pantalla y te dicen cuanto te toca para sentarte. Nosotros pese a apuntarnos decidimos no esperar y nos fuimos a la barra que había sitio. Pedimos unos sándwiches de pollo y una coca cola cada uno por 35 $.
Desde Times Square y con la sonrisa tonta por el musical no nos dolían los pies (es un decir claro porque no los sentíamos) y nos fuimos dando un lento paseo hasta el hotel. La noche era agradable y no hacia mucho frío. Estaríamos a unos 5 grados más o menos por lo que esperando unos 5 bajo cero teníamos un superávit de 10 grados.
Llegamos al hotel mas cansaos que el remero de una patera y no tardamos en dormirnos ni diez minutos.
Mañana nos esperaba el Empire State Building y New Jersey.
Sábado, 30 diciembre de 2006
Hoy es el gran día que visitamos el Empire State Building. Que nervios, que iluuuuu..... Todo el mundo nos había advertido que teníamos que madrugar y estar antes de las 9 de la mañana en el ESB para que nos ahorrásemos las colas para subir, incluso habíamos comprado las entradas por internet en la pagina www.esbnyc.com. Es totalmente recomendable y más cuando no te obligan a ir ningún día en concreto. Las compras y ya está. El proceso para la compra es fácil y no hay que tener miedo en comprar por internet ya que es igual de seguro que pagar en un TPV en cualquier tienda. El precio de las 2 entradas fue de 36 $ las dos (al cambio 27,86 €) ¡¡Viva el euro...... VIVA!!.
Pero como somos “aspañoles” y eso de madrugar esta hecho pa los pobres, nosotros mas contentos que toas las cosas nos levantamos, tranquilamente mal desayunamos (ya sabéis que eso del desayuno no era lo fuerte del hotel), nos duchamos y salimos de excursión cual colegial va al zoo a ver animalillos. Eran las 9:30 y salíamos por el hotel tan panchos creyendo que nos esperaba una alfombrilla colorá y los jefes del ESB con un ramo de flores en la puerta para darnos la bienvenida y hacernos una visita guiada.
Cogimos el metro (línea verde dirección downtown desde la parada 51 St. hasta la 33 St.) y andando llegamos hasta el EMPIRE STATE BUILDING.
Jooooooooooooooooooooooooooooer que largo es. Tienes que juntar la coronilla con los omóplatos pa conseguir ver el final del edificio. Es una cosa asombrosa y mas cuando estas ahí abajo, cuando piensas que como se caiga no te pasa nada pues mientras llega la primera piedra al suelo te ha dao tiempo de echarte un cigarrillo, una cervecillas y unas tapillas y aun queda tiempo pa comprar algunos regalos.
Tan contentos estábamos cuando llegamos que no nos dimos cuenta de la gente que había ni del cartelillo de la entrada. Buscamos el final de la cola y con eso de la emoción pues nada, tampoco había tanta gente. La cola llegaba por la 34 St. hasta la tiendecilla de “The city that never sleeps”. Bueno un ratillo de cola y ya está. Y un mojónnnn pa tí. Aquello duró más que un mitin de Fidel Castro (¿vive o ya ha estirao la pata?). Es decir, entre que llegamos, las 10 de la mañana, y bajamos del edificio, 3 horitas. Vamos lo que se dice aprovechar el tiempo. La cola no es que no avanzara pero lo hacia despacito, además el día era gris aunque con claros por lo que siempre mirando al cielo ya que solo faltaba que lo cerraran. Poco a poco nos acercamos a la puerta de entrada y cuando llegamos ¿había un cartelito? Yo juraría que antes no estaba... bueno mas bien no lo vimos. En este cartelito decía que había cola en ese momento para 120 minutos de espera hasta entrar, entonces para comparar me fui al final de la cola y estaba mas o menos donde nosotros estábamos el principio y habíamos tardado unos 40 minutos en llegar a la puerta y nos dijimos que eso no podía ser, que algún fallo habría ya que nosotros habíamos tardado 40 minutos nada mas. ¡¡¡JAAAAAAAAAAAAAA!!! Otro mojón pa tí. Ilusos de creer que una vez llegados a la puerta del edificio ya está todo. Pues no quea na hasta llegar arriba. ¡¡Dios Santo!!. Pero nosotros ilusos en aquel momento y embriagados por la ilusión de estar entrando en el ESB no éramos conscientes de nada, tan solo que otro de los sueños de la visita a Nueva York se estaba haciendo realidad. La entrada es un poco, no se.... como muy cuadrada, con poca gracia como de la URSS, muy fría y simple.
Dentro seguíamos en cola y subimos una planta. Yo pensé, joer si que hay poco control aquí. Pero no, noooooooo!!!!
En la primera planta estaban las taquillas y creo que había más gente que en la cola cuando llegamos. Madre mía aquello era como cuando en Íllora los políticos reparten bocaillos. ¡¡¡Cuantísima gente!!!. Lo único que vale que hayas comprado las entradas es que te ahorras una poca de cola, nada más. Lógicamente tontos ya quedan pocos (sin animo de ofender) y toicos los que allí estábamos ya llevábamos nuestras entradas compradas por internet. Ahora empezaba a entender el cartelito de los 120 minutos.
De esta sala de las taquillas, pasamos a otra sala aun más grande y con mucha más gente (pero ¿tanta gente cabe ahí?). En un zig zag interminable hasta el final casi acabamos mareados ya que tardamos más que, perdón por la reiteración, que Fidel Castro en acabar una frase (¿aun sigue vivo?). Joer que lenta agonía (y la de Fidel también). Nuestras fuerzas empezaban a fallar, el cansancio hacia mella y parecía que nunca llegaba el final. Tras un lento discurrir por aquella fría sala llena de guiris parece que llegamos al final y que ya están los ascensores. Pero ¡¡NO!! Otro pasillo más largo que un día sin pan y más colas.... ¡¡ Dios queremos gritar!! Paciencia, mucha paciencia. Tanta como los trabajadores del edificio. Después de nuestra visita a Nueva York, el mito que los españoles somos calmados es falso o quien haya lanzado ese mito lo hacia desde el rencor. Eso sí, te meten una tienda de palomitas en cualquier lado y entre pasillo y pasillo palomitas y entre el cansancio y el olorcillo daban ganas de .... me callo que si no....
Al final del pasillo parece que la gente se alivia, ¿será el final? Pues SIIIIIIIII!!!!!!!
Después del pasillo mas largo que hemos visto en nuestra vida llegamos a una pequeña habitación con tres ascensores y una amable (¿¿??) señorita que organiza las tandas de subida en el ascensor. Después de tanta espera hasta eso carece ya de ilusión. Las dejamos hace unas horas tiradas por esos halls y pasillos carentes de sentimientos. Han pasado casi dos horas desde que llegamos al edificio y aun no hemos salido a la azotea. Sacamos la cámara de video y grabamos para la posteridad ese minutillo de subida tan encogió. Que barbaridad, si que es rápido el ascensor. Si tuviéramos que subir en el del hotel hubiéramos hecho una visita nocturna al edificio.
Pero no creáis que cuando os bajáis del ascensor ya esta todo y veis Nueva York desde las alturas, ¡¡no!! peor aun, como buenos yanquis te esperan a la salida con cámara en mano e intentan estafarte algo de pasta para que les compres un fotomontaje. Te hacen una fotillo con un fondo de las vistas del edificio y te dan un vale que a la salida lo puedes canjear por la foto previo pago de 22 $ (creo recordar) ¡¡Y otro mojón pa vosotros!! Con las fotos que llevamos hechas me vais a estafar.... ¡¡Listos más que listos!!
Tras una cola de unos 10 minutillos más (eso ya no es nada ¡¡¡venga echarnos otra cola, venga!!!!) por fin aparece otro ascensor que sube del piso 80 (donde estamos y te deja el otro ascensor que ha subido desde abajo) hasta el 86, donde está el mirador-azotea. Eso sí, toda espera queda compensada cuando sales a la azotea y observas toda la ciudad a tus pies. Es realmente espectacular, pero si hemos de decir una verdad como un pino, a nuestro entender y por lo que sentimos en nuestro interior, es mucho más emocionante y espectacular subir a la Torre Eiffel. Primero porque los edificios que la rodean no son tan altos y si que da sensación de altura y segundo porque esa subida en el ascensor con tantísimos hierros a tu alrededor la hacen más atractiva y emocionante.
Arriba hacia frío y no había muy buenas vistas. Algo de bruma y no se divisaba toda la ciudad, tan solo Manhattan y pocas partes más. Se ve todo Manhattan, es espectacular. Divisamos cada edificio, los reconocemos, los observamos. Las panorámicas son extraordinarias. Podemos estar allí horas y horas pero no podemos estar mucho tiempo porque hay muchas mas cosas por ver ese día. Nos hartamos de hacer fotos ya que la ocasión lo merecía.
Tras una buen rato allí arriba decidimos bajar. Desde el piso 86 hasta el 80 bajamos por las escaleras andando y de ahí hasta abajo en ascensor (lógico ¿no?). Es la 1 de la tarde y nos planteamos que hacer ya que la visita al ESB nos ha alterado esa mañana. Así que para ahorrar tiempo, en el MACDONAL’S de enfrente comemos algo y nos disponemos a patear un poquito. Estando comiendo de pronto empezamos a escuchar sirenas y más sirenas y de golpe aparecen en la puerta del ESB unos 10 coches polis con las sirenas encendidas. Seguramente que alguno llevaba en la mochila algún zippo o algo así que creían que era una bomba..... por lo menos vimos algo de emoción.
Nuestro próximo objetivo es el Flatiron en el cruce de la 5ª Av. con Broadway en la 23 St. Así pues bajamos por la 5 ª Avenida. En el lado derecho, entre la 33 St. y la 32 St. hay dos tiendecillas de regalos. No entramos pero estuvimos olismeando en la puerta, pero otro día comentaré donde hicimos las compras. Seguimos 5ª Avenida abajo hasta que 10 calles mas abajo llegamos al impresionante y bonito edificio Flatiron. Es un edificio precioso. En Nueva York hay edificios espectaculares pero muy feos o poco agraciados pero este en concreto en muy bonito. Algunas fotillos de rigor y seguimos nuestra marcha.
Con lo de las manzanas queríamos puntualizar que andar diez calles o diez manzanas no es tanto recorrido. Las manzanas son pequeñas. En Barcelona, por ejemplo, una manzana es mucho más amplia. Creemos. No las hemos medido pero recorrer diez calles en Nueva York es mucho más rápido que en Barcelona o eso nos parece.
Buscamos una cabina de teléfono para hacer una llamada a España y otra a la de las maletas.
Creo que es el momento de contar NUESTRA PERIPECIA CON LAS MALETAS.
Como bien hemos comentado antes, se las cargaron en el vuelo de ida a Nueva York. En el aeropuerto JFK en las oficinas de la British Airways ya que no hay de Iberia y les toca a ellos atender a los clientes de Iberia, nos atendieron amablemente y nos hicieron el parte de “lesiones”. La chica se quedó sorprendida porque no entendía como podían estar tan rotas. En el parte aparecían un numero de referencia y dos teléfonos, uno si llamabas desde España y otro desde el extranjero (se supone que gratuito el de USA). El día siguiente a nuestra llegada llamamos a Iberia donde nos indicaron que ¡¡debíamos ir con las maletas por Nueva York a alguna tienda de maletas y que certificaran que no se podían arreglar y que las que comprábamos eran de la misma calidad que las rotas!! Vamos, algo surrealista. Que en Nueva York no tienen tienda “amiga” para cambiar las maletas, ni oficinas y que es la única solución. Les decimos que eso es un poco o un mucho caraduras y que deben de asumir sus responsabilidades mas cuando otra compañía aérea miembro de su mismo grupo ha certificado que están destrozadas y además las valoró en 300 $ cada una. No decimos que lo valgan pero por lo menos es algo que a Iberia le debería de valer.
Pues el 2º día ya nos veis con las maletas rotas por la city buscando una tienda de maletas. En alguna tienda que llegamos no tenían de la marca que nosotros teníamos. Además nos dijeron que en Nueva York es difícil encontrar maletas que no sean Samsonite. En Broadway llegamos a otra y nos dicen lo mismo. Llamamos a Iberia, les comentamos lo que nos han dicho y su solución es que las envolvamos en el plastiquito ese de los aeropuertos y cuando lleguemos a España nos las cambian. La verdad es que no son serios, es un cachondeo y las maletas no estaban para eso.
Otro día hicimos lo mismo y nos volvieron a decir lo mismo así que decidimos comprarlas. Antes hablamos con los responsables de Iberia y siguiendo sus instrucciones pedimos un ticket en la tienda sellado con la firma del responsable de la tienda donde venia a decir que las maletas que compramos eran similares a las rotas por Iberia. Las acabamos comprando en New Jersey en el outlet que fuimos el 30 de diciembre. Ha sido toda una odisea porque no sabremos nada del dinero que nosotros hemos pagado por las maletas en mucho tiempo. Era la primera vez que utilizábamos esas maletas y la última. A nuestra llegada a España hemos reclamado el importe de las maletas a Iberia y nos dicen los caraduras que hasta abril de 2007 como muy pronto no deciden si nos las abonan o no y luego esperar, si deciden abonarlas, otros cuantos meses para que nos ingresen el dinero. Finalmente en el mes de junio de 2007 nos han abonado 296 € por 394 $ que nos costaron. Después de haber perdido unas horas preciosas de nuestras vacaciones con el tema de las maletas, el desgaste mental sufrido, la factura de teléfono (no era tan gratis el tlf. de USA) y el no disponer del dinero de las maletas cuando son ellos quienes deberían de haberlas pagado ipso facto hacen de Iberia una compañía rácana y muy poco profesional. Como muestra hacemos constar el mensaje que la responsable de British Airways nos dió con respecto a como llegaron la maletas: “Both bags crushed and cracked, pieces missing from shell very bad damage”. Que no mentimos vamos.
Retomando nuestra aventura y tras el Empire State Building y el Flatiron, nos dirigimos por Broadway hacia el Norte dando un paseito y en esas que no paramos de ver negros en las aceras con munchisimas cosas que por supuesto eran totalmente “legales” je, je, je... Como es habitual en la valentía innata de Bea, le daba un changüelo tremendo subir a los pisos de los negros, así que pasamos de largo contemplando antes lo que parecía Jamaica en vez de la populosa y larga Broadway tanto por el color como por el olor. Giramos a la izquierda en la 31 St. buscando el Madison Square Garden, tan redondito el. Y este se hizo ante nosotros en la esquina con la 8ª Avenida con mas cartelitos que posit el despacho del Juez Garzón y con la mala pata de no haber podido entrar por estar cerrado y de no poder disfrutar de un partido de los Knicks ya que no jugaron en todos los días que estuvimos allí ni un solo partido, pero eso que queda pendiente para otra vez.
Enfrente del Madison nos encontramos con la General Post Office, un edificio muy bonito y que por culpa de una lona no lo podíamos ver bien ya que se encontraba de reformas, ¿es que había elecciones a la alcaldía de la ciudad?. Ni que decir tiene que nada de frío y tan solo algunas nubecillas por el cielo que estaba mas bien sucio que encapotado de nubes.
Una vez en la 8ª Avenida buscamos una tienda de ropa donde los Levis estaban muy bien de precio pero la verdad es que con el rollo de que en Europa y en USA los modelos son distintos no nos acabaron de gustar ningunos. Por supuesto que eran mas falsos que un billete de 30 €. Ese tipo de tiendas o mejor dicho almacenes son como grandes naves con miles de prendas de todas las marcas pero lo dicho, mas falsos que esos billetes de 30 € que todos tenemos, je, je, je... La tienda está en el cruce justo con 38 St. si no recuerdo mal.
Seguimos subiendo la 8ª Avenida buscando el Port Authority Bus Terminal pues nos íbamos a ir de compras a New Jersey tal como un conocido nos oriento y muy bien por lo que vimos y compramos.
Una vez que te adentras en la estación, para coger el bus que lleva hasta los outlets subimos hasta la puerta 318 donde hay que coger el bus nº 129 New York - Secaucus. Los tickets se pueden comprar en cualquier maquina de venta de billetes de la compañía NJTransit que es la que viaja hasta allí. El precio de la ida y vuelta es de 4,60 $ por persona y tarda en llegar a los outlets unos 45 minutos. Podéis consultarl os horarios en este enlace: <http://www.njtransit.com/pdf/bus/T1124.pdf> . Pasa por debajo del Linconl Tunel y antes de entrar en el hay unas vistas del Skyline de la ciudad espectacular, diríamos que mejor que el del lado del East River. Solo son unos segundos al trazar el bus una curva pero la instantánea merece la pena.
El autobús una vez en el lado de NEW JERSEY pasa por diversas localidades y hace varias paradas. Así pasa por Weehawken, Union City y por fin Secaucus. Es muy curioso ver las localidades de paso porque están llenas de casitas americanas de estas de las pelis (faltaría más) y que también como excursión para ver algo mas que edificios altos y como es posible a escasos kilómetros de la 5ª avenida encontrar vida de pueblo. La zona de Secaucus es como un humedal con algún hotel, un hospital y muchos almacenes. Además pasamos por los estudios centrales de una famosa cadena de TV. El bus hace varias paradas pero donde hay que bajarse es en la parada Enterprise Ave. North & Harmon Cove Outlet Mall pues están todas las tiendas que buscabamos. Los conductores de los autobuses tienen mas mala follá que los de la Rober de Graná (empresa de transporte urbano de Granada), a nosotros nos tocó uno al que le preguntamos si podía indicarnos en que parada debíamos bajarnos y nos respondió de malas maneras y recordándonos a los de la Rober. ¿Estaremos en Graná?... De no ser por el idioma y por el color de la piel del conductor podríamos creer que sí. Pero supongo que es cuestión de suerte porque otro día nos tocó uno que no nos contestó mal. Él muy capullo nos decía que ya lo dirá por los altavoces, pero imaginaros con lo mal que suenan y en ese ingles de montaña que tienen los americanos no se entendía ná de ná. Vamos que de no ser por una amable señora mayor, hispana ella, no se que hubiéramos hecho. En esos autobuses solo vimos hispanos y guiris en busca de ropa barata.
Nada mas bajarnos nos encontramos un centro comercial, el Harmon Cove Outlet Center donde hay algunas tiendas, cafeterías y restaurantes, pero lo mejor está en unos almacenes alrededor de ese centro comercial. Estos son propiedad de las mismas marcas que en el caso de Gucci están en la propia fábrica de la marca. Adjunto el enlace del mapa con la situación de las tiendas:
<http://www.harmonmeadow.com/pages/secaucusmap.html> es un mapa de la zona con mejores tiendas y solo de la zona del Harmon Cove Outlet Center. Hay otro mapa de todo el complejo de tiendas que es enorme y que no da tiempo ni siquiera en varios días en el siguiente enlace:
<http://www.harmonmeadow.com/pdf/HMMap1006LR.pdf>. Este mapa es de todo el complejo que es muy grande pero lo más recomendable es los alrededores del Harmon Cove Outlet Center como decía antes, donde están las tiendas de Tommy Hilfiger, Calvin Klein, Náutica, Kenneth Cole, Gucci, DKNY Jeans..... Están abiertos también los domingos y no se pagan impuestos en ropa y zapatos, por ello son más baratos, entre otras razones.
Nos recorrimos el Centro Comercial por si había algo interesante pero la verdad es que no, así que decidimos salir a la calle en busca de las marcas. Lo único una tienda de Samsonite donde nos compramos las maletas y donde nos hicieron el ticket como Iberia quería y donde por 1 € nos dieron una bolsa de viaje de Samsonite muy chula. Ya llevábamos un mapa de situación de los almacenes que nos había facilitado Manolo del “Mi Café” y que nos fue de gran ayuda.
Lo primero que teníamos claro es que no iba a darnos tiempo a todo pero aun así lo intentaríamos porque no podíamos perder mucho tiempo allí en aquel sitio. Por cierto desde aquella zona dirección New York se veía la punta del Empire State Building... impresionante.
Entramos en Tommy Hilfiger. Nosotros no somos mucho de marcas pero ante tal oportunidad no queda más remedio que caer en la tentación. Y además eran REBAJAS con lo que la motivación era aun mayor. Particularmente arrasé con la tienda. Compré camisas, polos, jerséis, camisetas. Y lo que es mejor quedaban cubiertos gran parte de los regalos de reyes de la familia y algunos amigos. Bea fue más comedida pero algo cayó también. Ella quería ir a Gucci y DKNY Jeans.
Tras dejar la Visa como los palos de un churrero, es decir, quemando, nos fuimos corriendo en busca de Gucci ya que el horario de cierre no lo teníamos muy claro. Pero ohhhhh!!!! estaban cerrando y no pudimos comprar nada ni siquiera ver la tienda. A Bea le iba a dar algo. Eran las 18 h. y estaban cerrando, ¿pero en que país viven?. Con la misma velocidad fuimos hasta la tienda de DKNY Jeans que ¡¡joder!! también estaban cerrando. Pues si que cierran pronto, así que quedaba pendiente la visita a estas dos tiendas otro día.
Con el cabreo morrocotudo por el tiempo imvertido en Tommy Hilfiger y que había hecho que encontráramos cerradas las tiendas que quería visitar Bea, pasamos por Calvin Klein que aun estaba abierta y preguntamos si abrían el día 1 de enero. Efectivamente aunque parezca raro abrían las tiendas en año nuevo. Así que el cabreo disminuyó y fuimos de nuevo a la puerta del Harmon Cove Outlet Center a coger el bus de vuelta a New York cargados de bolsas cual enfermos compradores compulsivos de rebajas y en un outlet de marcas en New York.... sin comentarios como ibamos.... Logicamente con las maletas ya en nuestro poder, metimos todas las bolsas en las maletas y así nos fue más fácil el desplazamiento.
De vuelta ya de noche, nos permite disfrutar de nuevo con las casitas típicas con más lucecitas de navidad que una fabrica de bombillas y algunos jóvenes que montan en el bus con una contundente peste a colonia para quemar la noche de la city. La sensación de estar de noche (aunque no era muy tarde pues es invierno y anochece muy pronto), en un sitio muy americano, con gente muy desconocida hacía que nos miráramos y nos quisiésemos más. Joer que raro era todo.
Cuando estábamos pasando por debajo del túnel nos acordamos de la peli Pánico en el Túnel del Stallone y nos entró un gusanillo importante, pero afortunadamente no había nadie que quisiera hacer nada para hundirlo. Antes de entrar en el túnel volvemos a encontrarnos con el Skyline maravilloso, ahora de noche donde el Empire State lo preside todo.
Llegamos de nuevo al Port Authority Bus Terminal y cada uno con una maleta, cargadas de bolsas ambas, salimos a la 8ª avenida, casi enfrente del Hotel Mildford, un poquito más abajo y un amable caballero de la Estación que se dedica a eso, nos facilita un taxi tipo Seat Alhambra. En este caso un hindú que no se entera ni pajolera de lo que le decimos pero aun así el tío emprende la marcha. Da un pequeño rodeo, entendemos que para evitar el trafico, y por la 48 St., ya llegando al hotel después de más de una explicación, se le abre la puerta del maletero y el tío que no se da ni cuenta. Nosotros asombrados por la torpeza del taxista nos giramos y ponemos las manos encima de las maletas para que no se salgan del coche aunque es poco probable pues están a tope de ropa, pero todo es posible. Llegamos al hotel, el tío se baja y cuando ve la puerta del maletero abierta maldice a algo o a alguien y se sorprende. Pues será que no se lo hemos dicho. Vamos una odisea.
Una vez en el hotel, el tiempo justo para descansar un ratito corto, asearnos y esta noche no tenemos muchas ganas de ir a ningún sitio pues el día ha sido agotador y mañana nos espera el Gospel, Central Park y fin de año.
Domingo, 31 diciembre de 2.006
Después del día anterior con el cansancio ya acumulado el día se presentaba muy bonito y lleno de emociones. Nada mas despertarnos, no muy tarde, para poder “disfrutar” del desayuno (por llamarlo de alguna manera) nos pusimos nuestras mejores galas para ir de misa, de Misa Gospel a la Antioch Baptist Church.
El día 28 ya la habíamos localizado en la 125 St. muy cerca de la parada de metro de la línea roja 125 St. Así que era fácil llegar hasta ella y no teníamos que salir corriendo. La misa era a las 11 de la mañana por lo que una vez con los cuerpos llenos de calorías, de esas que se pegan a los lados y no hay manera que se vayan, nos fuimos andando desde el hotel en la 48 St. hasta Times Square para coger dirección Uptown el metro línea roja hasta la parada 125 St.
La ciudad respiraba (contaminación, claro está) festividad, aunque menos de la que imaginábamos ya que aunque en las calles (era muy temprano) se veían grupos de gente de todos lados aun era pronto para notar fiesta. Quizás si que es cierto que en hotel el ir y venir de gente nos hacia ver que era un día de fiesta en Nueva York. Muchos americanos que van a la gran city a pasar la noche de fin de año y luego para casita. Llegaban al hotel con una pequeña maleta con las ropas de fiesta y con las ganas de desfasarse intactas. Mucha gente joven que sin el control de sus padres iban a pasar una verdadera noche americana de fiesta y desfase. Y que ropitas......
En Times Square si que se veía que algo pasaría ese día. Estaba lleno de vallas, de polis, con dos escenarios y con la bola (esa que baja para dar la bienvenida al nuevo año) ya preparada desde hacia varios días. Se respiraba algo importante, incluso ya había gente pegada a las vallas esperando a que la bola bajara. Vamos, si un médico lo prescribiese o fuera obligatorio protestarían, porque desde las 10 de la mañana aproximadamente allí parados hasta las 12 de la noche ..... nos reservamos el comentario para no herir sensibilidades, pero bien, bien, muy bien no tienen amueblada la cabeza. Total para que luego en 1 minuto pase todo y a las 12:05, tan solo 5 minutos después de la bajada de la bola allí no quede ni el tato.
Era la primera vez que veíamos Times Square de día ya que hasta ahora siempre que pasábamos era de noche, pero la sensación es la misma. No habrá tanta luminosidad pero sigue siendo igual de espectacular. Nos hicimos algunas fotillos y grabamos en video todo el montaje que tenían preparado para esa noche.
En las calles adyacentes ya había policías, de esos de las pelis, con su buchecito y to, al lado de las vallas que luego servirán de jaulas para que la gente vaya acercándose a Times Square de noche. Muy simpáticos te daban el paso de una acera a otra pues aquello ya empezaba a ser un pequeño caos debido a la cantidad de preparativos que se preparaban (valga la “rebuznancia”). Miles de camiones descargando bebidas, comida y cotillones en los miles de restaurantes y salas que esa noche arderían de fiesta y lujuria..... (joer que andaluz soy). Miles, miles tampoco, pero unos 995 si que había, je, je, je...
Bueno a lo que íbamos, o más bien a donde íbamos. Cogimos el metro y nos bajamos en la parada 125 St. de la línea roja. Éramos mas pocos en el metro que los que se apuntan a cazar pirañas con los ojos cerrados y eso camino del Harlem en el metro como que daba un no se que...., pero ná de ná, mas tranquilos que toas las cosas llegamos a la estación. Es muy típica porque el tren para arriba de la calle, en una elevación de hierro y para llegar a la calle tienes que bajar por unas escaleras (coño, eso es mas que lógico, no??) y parece que estas en una peli americana de esas del Harlem.
El día es soleado y no hace mucho frío. Algo si pero yo creo que fue el día menos frío de todos los que pasamos en la ciudad. Hacía un solecito muy rico y el pequeño paseo desde la estación hasta la Church fue muy agradable. Del metro se bajaron unas 10 personas que tenían en el tren la misma pinta de guiris que nosotros para ir a la Antioch y que efectivamente allí que fueron. Nosotros vamos a esa Iglesía por indicaciones del foro “forofosdenuevayork.com”. Debe de haber otro foro en Italia con las mismas indicaciones porque además de los blanquitos españoles que allí estábamos había el mismo número o más de italianos.
Llegamos a la Antioch Baptist Church y confirmamos en la puerta los horarios de la ceremonia y todo eso. A las 10:30 hay un acto previo donde cantan y preparan la ceremonia principal, así que para que esperar fuera, entramos y una puerta nos da acceso al salón principal. Allí nos reciben con una good morning muy colorista. Nos dan un librito donde aparecen .... ahora no recuerdo muy bien que, pero seguramente salmos y rezos. Entrar en la Antioch es entrar en lo autentico, en la realidad de una cultura, una religión y un barrio. Todo es real, no se visten para las fotos de los turistas, se visten para ellos. No cantan para los turistas, cantan por Dios y para rezar. No son amables por los turistas, son amables porque Dios los ha pario asín. Las mujeres mayores con sus trajes que hemos visto miles de veces en películas y con esos sombreritos tan horteros pero que en la cabeza de una de esas mujeres esta en su sitio. Ahora, son tos más negros que el café. Es fácil saber quien está allí por devoción y quien por admiración. Lo que en nuestra religión serían los monaguillos eran unos simpáticos niños y niñas de unos 10 a 12 años vestidos con pantalón negro y camisa blanca con corbata negra y ellas con vestidito igual de negro. Son los encargados de cantar antes de empezar el “evento” y de pasar el cepillo y de jugar a la PSP y demás juegos. Sí, sí como lo digo. Luego contaré.
También tiene acomodadoras, unas simpatiquísimas señoras de unos 70 años que van vestidas como enfermeras, con su gorrito y todo. Solo les falta la cruz roja en la frente y parece que estamos en un hospital de campaña de la 2ª Guerra Mundial.
La Iglesia no es muy grande, en realidad es un edificio de una planta que mas bien parece un local comercial. Entras por los laterales y accedes a una primera parte, por así llamarlo, donde hay unos pocos bancos para sentarse y donde hay colgadas fotos de hermanos y lo que es más curioso, el Mister y la Miss infantiles de la Iglesia de ese año. Además estos chavalillos son los encargados de hacer una ofrenda a lo largo de la ceremonia. La verdad es que es curioso. Nos recordaba todo a la peli “El príncipe de Zamunda”. La zona donde estaban los bancos no es muy grande pero tampoco pequeña. Entre los bancos hay un pasillo que lleva hasta lo que sería el Altar para una Iglesia Católica. Ellos en cambio tienen un atril con un micrófono que es desde donde dan los sermones y hacen los rezos los predicadores o como se llamen. Al lado izquierdo del atril se sitúan los músicos. Un batería, un bajo y un órgano. La batería la toca un señor de unos 40 años pero de vez en cuando se la cedía a un niño de unos 10 años que no veas como tocaba la batería. Espectacular, ni se veía. Detrás del atril se sitúan los cantantes, ataviados con trajes y todos muy jóvenes.
La verdad es que aunque ponía que aquello empezaba a las 11 de la mañana y que a las 10:30 había otra actividad, uno no notaba cuando estaba en una u otra. Tan solo porque al mirar la hora y ver las 11, el cura principal (lo se porque iba muy bien vestido y porque todo el mundo iba a saludar) dijo algunas palabras y la gente que llenaba la Iglesia (1/5 parte de blanquitos españoles e italianos) empezaba a comportarse como “¿idos?”. El reverendo (supongo que se le llamará así) le cedió la palabra a una bella mujer que con sus voces y sus palabras (que no entendíamos ni papa) alentaba al rezo y al perdón (digo yo). La gente como loca decía algo de forma repetitiva pero no había manera de que averiguásemos que decían hasta que al rato y después de situarnos en el contexto decían AMEN, pero con su acento coño, así no hay manera, algo así: “jeiman”. Entre grito y grito, siempre ambientado con la música de la miniorquesta (joer que tíos, no pararon de tocar en las 2 horas que estuvimos allí), el coro gospel cantaba cancioncillas a lo que la gente respondía alborotada cantando y respondiendo a los salmos que cantaban. Le gente tiene una implicación máxima en todos los sentidos, tanto en la participación al cantar y responder a los guías del acto, como a la hora de soltar el bolsillo. Nos pasaron el cepillo bien pronto, a los 15 minutos de empezar aquello se acerco la señorita pepis de la Cruz Roja con una cestita y venga a soltar pasta los guiris. Solo la pasó a los guiris y es que mas vale poner la mano antes de que nos fuéramos. Por supuesto que dejamos algo.... para los malpensados......
La gente conforme iba avanzando aquello iba entrando como en trance (solo algunos claro está) y respondían de forma vehemente a los rezos lanzados. Sudaban como pollos todos los hombres vestidos con traje de Domingo y las mujeres mas jóvenes se movían como solo las negras (sin ningún animo peyorativo) saben moverse. Las más mayores...., las más mayores eran como la abuela de la serie de Steve Urkell... ojú.... impresionante.
En eso que en una perfecta conjunción de oratoria subida de volumen de la bella señorita que mencioné antes y que fue la guía de la ceremonia, los músicos ensimismados y el coro cantando como poseídos, una mujerona más grande que un transatlántico se pone en pie y empieza a agitar todo su cuerpo como si el demonio la hubiera poseído, con la cabeza palante y patras, con el cuerpo pa un lao y luego pa otro, con los brazos al cielo y los rizos de su pelo mas al cielo todavia, joer esta tía se nos muere aquí de un jamacuco o algo así. Llenos de embriaguez religiosa la gente se empezó a mover como loca cantando y diciendo AMEN a todo, agitando los brazos, las cabezas, los cuerpos, todo.... joer una actividad para ser Domingo por la mañana que pa que. Tanta actividad que cuando acabo ese momento se pegaron unos 10 minutos coleteando con comentarios a Dios, dándole gracias, diciendo Amen, Yeah, Oh my God. Realmente impresionante, de lo más espectacular y autentico que hemos vivido en Nueva York sin lugar a dudas y nada más que por este momento totalmente recomendable. Lógicamente el respeto más absoluto y ni una foto, ni video ni nada. Eso queda en nuestras retinas para siempre y lo llevaremos en nuestro disco duro para los restos de los restos.
Fue acabar este “momento pelotazo” y la cosa se calmo un poco. Recordaron a los fallecidos, felicitaron a los que cumplían años esa semana, pasaron de nuevo en cepillo (joer el sitio ya estaba como una patena) y a partir de ahí todo tomo un signo de relajación evidente. Tanto que los niños que estaban pululando por ahí como guardianes de la sala les liberaron de toda responsabilidad, así que unos pocos y ya después de haberse ido algunos guiris se sentaron en la última fila junto a nosotros, sacaron una PSP cada uno y se pusieron a jugar con un disimulo magistral, con un ojo puesto en la maquinita y otro en las azafatas de la señorita pepis para que no los vieran. Después de la PSP también sacaron otra maquinita de estas de juegos cada uno y es que a lo mejor no tiene para comer o ropa, pero para las tecnologías sí que sí.... ¡¡This is America!! Y lo peor es que en España los estamos copiando, eh???.
Otro momento emocionante fue a la hora de dar la paz ya que yo en mi vida había besado a un negro y aquel día lo haría con unos 20 porque amables son como pocos y se acercaban a los turistas con una enorme sonrisa con el God Bless You que llegaba al alma. Muy emocionante.
Y cuando pasaban de las 12:15 de la mañana decidimos salir de allí ya que aunque muy interesante y espectacular teníamos un largo día por delante. Nos dirigíamos a Central Park y por la tarde al Downtown.
Nos despedimos de la gente que había de pie en la salida de la Antioch y al salir a la calle nos miramos como queriéndonos decir que lo que habíamos visto no tenia precio. Sin palabras.
Nos recorrimos la 125 St. adentrándonos en el HARLEM buscando la parada también 125 St. en este caso de la línea azul del metro para ir dirección Downtown hasta el Central Park. Aprovisionamos unos donuts en el Dunkin Donuts de enfrente de la parada de metro y pal metro directo y rápido hasta la parada 59 St.-Columbus Circle.
Empezaba nuestra aventura en CENTRAL PARK. Entramos al parque por la entrada central de Central Park South. Multitud de puestos de perritos y de regalitos en la puerta que convierten aquello en una feria en vez de un tranquilo parque. Los guiris no se si por agonías o que pero compramos de tó sea lo que sea. Lo importante es comprar. Una vez dentro del parque cogimos una calle principal del parque y las calesas inundaron aquella calle. Una detrás de otra con los turistas más felices que unas pascuas. Debe de ser una bonita experiencia. Se hace extraño ver esa imagen en medio de una gran ciudad.
Nuestro siguiente objetivo es ver la pista de patinaje sobre hielo de Wollman Rink. Esta petaisima, no cabe más gente ya. Además con un solecito mu güeno hace que sea muy agradable la mañana en el parque. No parece invierno sino Otoño. Pensamos en ir a la pista de hielo, pero para que, si yo no iba a patinar y la cola llegaba al Downtown. Perder más de una hora allí no estaba dentro de nuestros planes.
Seguimos andando hacia el lado de la 5ª Avenida y pasamos justo por el lateral del zoo hasta que llegamos al Literary walk, es decir al Mall. Este paseo con las estatuas de grandes literatos es muy bonito y tranquilo. Además debe de ser el único trozo de camino de tierra de todo el parque. No hay nada como pasear de forma tranquila viendo como el ritmo de vida de los que ves en ese momento es también muy relajado. Muchos turistas y algunos niños que se empeñan en desafiar a las autoridades jugando al fútbol (el nuestro) en el césped de al lado de el Mall. Como los guardas los vean le pegan un tiro.....
Nuestro cuerpo se iba encogiendo pensando que llegábamos a Bethesda Terrace pero nuestra desilusión debió de ser tan palpable que muchos se percataron de ello. ¡¡¡Estaba en obras!!! No podíamos acceder por aquellos lugares que salen en pelis como “Rescate” de Mel Gisbson, o “Un día inolvidable” de la Pffeifer y el Clooney. Pero aun así, la fuente estaba accesible y nos sentamos en ella (estaba vacía claro está) y nos hicimos una fotillo. Es en este momento cuando nos damos cuenta de que en España debe de haber la mitad de gente que habitualmente.... todos están en Nueva York.... somos una plaga bíblica.... como para llevarte a alguien a escondidas allí.
La naturaleza llamaba a nuestras vejigas y teníamos un problema. La señalización del parque es mas bien mala, sin muchas indicaciones y con alguna que otra callecita cortada por obras o no se que. Así que vemos en el mapa que el Restaurante Boathouse está cerca y allá que vamos como posesos buscando un mingitorio. Afortunadamente llegamos a tiempo.... ¡¡¡uyyyyy!!!. Que tranquilidad joer. Como siempre y esperando a que alguien algún día me lo aclare, el lavabo de los tíos con una cola pequeña y rápida y el de las señoras con mucha mas cola y mas lento que el caballo el malo. Reconozco que somos más “fáciles” para hacer nuestras cosillas que las mujeres, pero ¿tanta diferencia?. Bueno dejémoslo ahí que si no....
Las vistas son impresionantes. Se respira naturaleza y contemplación. El otoño ha llegado a New York. ¿¿Otoño?? Pues sí, aquello es más propio del Otoño que del invierno. Sin frío y sin nieve y con un solecito mas güeno que toas las cosas.
Vemos en el mapa que la escultura de Alicia en el País de las maravillas esta por allí cerca y tras hacer campo a través, arriesgándonos a que los mismos guardas que temíamos por los niños del fútbol nos pegaran otro tiro a nosotros, llegamos a la escultura. Es preciosa y muy bien hecha. En ella había unos cuatro niños que habían ido con sus padres en bici hasta allí y se entretenían en subirse a lo alto con un riesgo alto de despeñarse y hacerse daño, cosa que a los padres les daba igual a la vista de las veces que regañaron a sus hijos. Por ello y debido a la educación americana todos los que por allí pasábamos teníamos una foto de recuerdo con la estatua y cinco niños dando por cul..., perdón, por saco.
Cruzamos por Cedar Hill observando algo muy curioso y es que una avioneta en el cielo estaba dibujando, con el humillo que suelta, frases totalmente ilegibles porque no le daba tiempo al pobrecillo. Era por lo menos curioso. Y en este momento es cuando vimos unos 6 o 7 helicópteros del ejército americano lo que preocupo a Bea, y es que unos días antes habían ejecutado a Sadam Husseim y la ciudad estaba en alerta ante un posible atentado.
Llegamos a Belvedere Castle. Eso parece sacado de una peli de miedo de no ser por las magnificas vistas que desde lo alto hay del parque y del Great Lawn más a lo lejos. Una fotillos y continuamos nuestra caminata hasta el lado del Central Park West.
En este momento he de decir que cuando te metes por caminos secundarios del parque y depende que zonas no están nada señalizadas y hay muchos caminos cortados por obras, reformas o yo que se. La señalización es muy mala y es el único pero del parque. Debería de estar mejor señalizado ya que al ser tan grande es normal que te puedas equivocar. La gente andaba muy perdida y buscando algún camino principal como pollos sin cabeza. Eso sí cuando llegas al camino principal que va paralelo a la calle, las vistas del parque son para quitar el hipo.
Y por fin llegamos a Strawberry Fields con un nota dando la nota con una guitarra, raca raca dando un homenaje a OT y los desafines de sus participantes. Esperaba que en algún momento el mismo John Lennon apareciera por allí y le diera un guitarrazo en la cabeza a aquel señor. La feria de Strawberry Fields (había mas gente que en la feria de Sevilla) era un ir y venir de gente. Unos con velas, otros con flores y otros con cámaras de fotos para inmortalizar el momento. Así pues nosotros fuimos de los de la cámara de fotos.
Salimos del parque por la salida que hay al lado de Strawberry Fields dejando constancia de nuestro paso por el Dakota Apartaments mirando el edificio con alguna envidia sana....., que cohones sana, con mucha envidia insana.
Bea estaba dispuesta a comerse las uvas de fin de año a toda costa. Costumbre que no tengo yo. Así que buscamos incansablemente alguna tiendecilla para comprar las uvas. Pero que difícil es encontrar una tienda de comestibles en Nueva York.
Entramos en el gran centro comercial Time Warner Center que está en un lateral de Columbus Circle buscando algún sitio para comer pues ya nos picaba el estomago y preferíamos comer antes de bajar para el Downtown. Solamente había una planta con sitios para comer, pero la verdad es que los americanos son más raros que un perro verde. En nuestra vida habíamos visto un supermercado de fruta y verduras siendo a su vez un salón para comer allí mismo lo que la gente compra. Es muy curioso al tiempo que un poco, no se.... no hay palabras, pero preferimos una buenas papas a lo pobre con huevos fritos...
Para comer que mejor que algo rápido, porque las colas en el sitio ese de los comeyerbas eran muy importantes. Así que al MACDONAL’S, ese sitio si que es equilibrado y una buena dieta. Encontramos uno en la 8ª Avenida. Estaba casi vacío y nos sorprendió al entrar el sonido de un piano. Y es que había un pianista tocando un piano (lógicamente) y aquello nos chocó un poco. ¿En un Macdonals? ¿Un piano? Pues sí y al tío se acercaba y te preguntaba cual era tu banda sonora favorita para tocarla y el tío la tocaba. Cosas de los americanos, te estas atiborrando de comida basura que te deja el cuerpo matao, pero eso sí, escuchando música en directo. Toda una anécdota.
Rápidamente (por eso lo de comida rápida) cogimos el metro línea azul dirección Downtown en la parada 59 St. -Columbus Circle hasta la parada Chambers St.. Desde ahí por Church St. llegamos hasta la ZONA 0.
Es de esos momentos en los que el alma se sobrecoge y pides explicaciones del porque de algunas cosas que parecen sin sentido o ilógicas. Se respira un ambiente de pesar y pena que las vallas que rodean a la Zona 0 y el pequeño “museo” que sobre ellas descansa hacen aun más sobrecogedor. No llegas a entender como es posible que la condición humana sea capaz de ser tan vil y matar por matar, de hacer daño por hacer daño. Desgraciadamente los españoles tenemos una callo de sufrimiento en el corazón ante estos temas, así que comprendemos mejor que nadie el sufrimiento de las gentes de bien que se vieron afectadas por dicho atentado.
El silencio y respeto que los visitantes tienen ante tal escenario es impresionante. Dan ganas de llorar y los pelos están como escarpias, mas cuando oyes los sollozos de los cientos de personas que no quitan sus ojos de las instantáneas que descansan sobre las vallas. Dan ganas de abrazar a aquellos que sufren en ese lugar, dan ganas de darles apoyo y de decirles que aunque esos locos hagan daño no conseguirán sus propósitos porque así no se llega a ningún lado. En eso en España sabemos algo “gracias” a unos fascistas que siembran el terror y la sinrazón por todo el país segando las vidas de inocentes que nada han hecho para merecer tal castigo.
Somos muy respetuosos y no nos queda mas que orar para que algo así no vuelva a suceder y por todas las victimas de cualquier atentado terrorista cobarde y cruel. Este lugar no es para hacer bromas, es para meditar de hasta donde podemos llegar para conseguir nuestros propósitos.
El momento de la tarde en la que allí estábamos hacia que fuera aun más sobrecogedor. Estaba anocheciendo. Supongo que el impacto en nosotros al no ver las añoradas Torres Gemelas no es tan grande como para aquellos que las vieron en pie en anteriores visitas. Tan solo vimos un inmenso agujero que aun hoy, casi 6 años después, esta igual que entonces. ¿Cuando empezaran a construir algo? Solo ellos lo sabrán.
Salimos de allí tras mirar hacia atrás y comprobar que efectivamente allí ocurrió el 11-S un milagro, pues la St. Paul Chapel con lo pequeñita que es, rodeada de aquellos mastodontes siguió en pie. Es que Dios es muy grande.
Cambiando de tercio y de destino, desde hacia horas siempre que íbamos por la calle buscábamos una tiendecilla para comprar unas uvas para celebrar la nochevieja, pero era difícil y no veíamos ninguna. Tras dejar la Zona 0 empezamos nuestra búsqueda de una forma mas “profunda”. En ello y mientras tanto pasamos por detrás de la Trinity Church. Es muy bonita y lo más curioso es ver como en el corazón del mundo financiero, donde se maneja el parné, hay una Iglesia antigua y su cementerio adyacente. Es curioso, es Nueva York.
Nosotros a lo nuestro. ¿Donde vamos? Ya son casi las 5 de la tarde y Bea quiere comerse las uvas hora española, es decir, a las 18:00 h. de Nueva York. Faltaba algo más de una hora y aun debíamos encontrar una tienda de comestibles. Pero era una misión tan difícil como meter a un gato en un cubo de agua.
Preguntamos y preguntamos, pero allí solo había guiris. Nadie sabe nada. Pero, ¿la gente en Nueva York no come?.
En eso que como un rayo de luz entra por una ventana en un día negro y oscuro, vemos a unos jovencitos con unas bolsas con comida fresca.... ¡¡esta es la nuestra!!!.... ¡¡¡¡¡¡NOOOO!!!!!! no penséis mal, que no les quitamos las bolsas. Tan solo les preguntamos donde había una tienda y amablemente nos indicaron que al otro lado de la calle que pasa justo por detrás de la Zona 0, al lado del Winter Garden. Pues pallá que vamos.
Cruzamos el puente de West St. Hwy. y llegamos a la tiendecilla. Uffff menos mal, ya me veía a Bea con la cara de “uva” más de un día.
Compramos unas uvitas, alguna cosilla para picar y una cerveza de un litro para celebrar fin de año. No tenían en la tienda ni cava ni champagne. Es cutre pero lo que importa es la intención.
Quedaba una hora para las 18 h. (las 24 h. en España y fin de año). Ya había quedado con Dieguito que un minutillo antes me llamarían al móvil para vivir en directo con ellos ese momento, así que hasta las 18 h. decidimos, ya que estábamos cerca del Río Hudson, de echarle un vistazo. Y que vistazo.
Las vistas quizás no sean tan espectaculares como las del otro lado pero también son bonitas. Por el paseo que hay por el lado del río encontramos a gente corriendo, gente paseando, gente en bici y gente como nosotros que parecíamos que íbamos de botellón más que de visita turística. En este paseo por Battery Park City disfrutamos mucho porque aunque ya era de noche no había mucha gente y no parecía que estuviéramos en una de las ciudades más grandes del mundo.
Llegamos a Battery Park donde vimos el muelle desde donde salen los barcos hasta la Estatua de la Libertad (Castle Clinton) y la Esfera, con un poquito de abolladuras y polvo.
Cogemos State St. hasta Broadway y en el lugar donde acaba la primera y nace la segunda encontramos el Toro, el famoso toro de Nueva York. Había mas gente a su alrededor que en las colas del Inem de cualquier pueblo de España. A ver si son tan valientes de rodearlos así de tranquilos en los San Fermines. Lógicamente así cuando los americanos van a Pamplona creen que los toros son como este y los empitonan como quieren.
Pero llegaba el momento en el que debíamos buscar una cabina para conectar con casa para celebrar la Nochevieja española.
Bea había quedado que llamaría a su casa, así que buscamos una cabina. Aun nos quedaba algo de saldo en la tarjetita Diamond y mientras que hacíamos tiempo Bea se pelo las uvas y les quitó los huesecillos. Este espectáculo en Broadway cruce con Liberty St. (la calle del lateral del Century 21 al lado de la Zona 0) era tremendo la gente nos miraba raro y para que en Nueva York te miren raro.....
Se acercaba el momento así que cogió el teléfono y marcó, pero ohhh sorpresa, no había suficiente dinero para llamar con la tarjeta y tuvimos que en 2 minutos buscar una tienda para que nos cambiaran billetes de dólares en monedas. Toda una odisea, y cuando lo conseguimos llama y comunica.
Todo parecía venirse abajo pero como yo ya había quedado con Dieguito, llamaron al móvil y justo unos segundos después empezamos a oír las campanadas. Fue una de las sensaciones más emocionantes vividas en Nueva York, poder celebrar la Nochevieja española tan lejos pero con nuestras propias costumbres. Ya no nos importaba que la gente nos siguiera mirando raro y mas cuando empezamos a gritar ¡¡¡Feliz año nuevo!!! a las 6 de la tarde en Nueva York.
Fue un momento muy bonito, Bea y yo en Nueva York celebrando año nuevo. Y aun nos faltaba otro año nuevo que celebrar, el de allí mismo. Teníamos 6 horas hasta ese momento por lo que decidimos entrar a Century 21. No pudimos ver ropa mas hortera porque no teníamos mas tiempo....¡¡¡Dios mío que ropaaaa!!! Y es que los yanquis son más horteros que la Agata Ruiz de la Prada.
No encontramos nada interesante así que seguimos dando vueltas por el centro comercial por si caía la breva pero empezaron a cerrar y nos tuvimos que ir.
Cogimos el metro línea verde dirección Uptown en la parada de Wall St. Como íbamos con mucho tiempo decidimos bajarnos en la parada de la Grand Central Terminal para desde allí subir andando hasta 48 St. donde estaba el hotel.
La Grand Central estaba preciosa. Es muy bonita y creo que como a todo el mundo le es familiar por la peli Los Intocables. Como toda la Navidad, durante cada cierto tiempo había un espectáculo de luces que inundaba todas las paredes. El ir y venir de gente en una tarde-noche como esa era incesante al igual que el de los polis.
Salimos a la calle y nos dirigimos hasta el hotel. Al llegar pedimos información a la recepcionista del hotel (que hablaba español) de donde podíamos ir a cenar. Esta, muy amable nos dijo varios sitios que por supuesto estaban llenos así que nos vimos cenando en el Dinner de al lado, en el Raffles Café. Pero en un mejicano en la 49 St. entre la 3ª Avenida y la 2ª Avenida (justo enfrente del Instituto Cervantes de Nueva York) encontramos sitio para dos. Creo que el nombre es “MAMA MÉXICO”, pero no estoy muy seguro. Lo que si se es que está enfrente del Instituto Cervantes de Nueva York.
Volvimos al hotel, nos duchamos, nos adecentamos y nos fuimos para el mejicano. Comimos muy bien, demasiado creo yo y además había espectáculo en vivo con unos mariachis que cantaban....¡¡ojo al dato!! La Macarena.... ayyy. Así luego los americanos nos ponen a los españoles un sombrero mejicano.
Al lado del hotel estaba la DISCOTECA LQ y había una cantidad de gente impresionante. Cuando salimos del restaurante (en el que se come muy bien y mucho por un precio razonable) dando un paseo llegamos a Lexington y la cola para entrar a la discoteca era inmensa y además las niñitas (porque eran muy jovencitas) hacían cola con menos ropa que llevaba Tarzan. Y con el frío que hacia. Y es que la vida está llena de sacrificios.
Pues bien, nosotros habíamos decidido no ir a Times Square ya que preferíamos visitar lugares en vez de estar perdiendo el tiempo esperando a que la bolita baje y ya está. Creo que acertamos aunque bien es cierto que Times Square por la noche en Fin de Año debe de ser espectacular. Otro año será. Lo suyo es cogerse el hotel allí mismo y no tener que hacer colas ni esperas. Lo siento pero no podemos contar como fue la fiesta de Times Square.
Pasamos fin de año en la habitación del hotel, vimos en la tele la bajada de la bolita mientras Bea se comía otras 12 uvas y ........ y nos acostamos para aprovechar el día 1 de enero. Por cierto no deben de comer uvas los neoyorquinos porque las campanas no suenan de segundo en segundo creo, ya que en los 12 últimos segundos en la bajada de la bolita no da tiempo a comerte las uvas y con las campadas si. Bea se iba a ajogar.
Y es que al final somos mu de nuestra tierra y pa nosotros la celebración fue a las 18 h. (hora NYC) y ya lo celebramos con nuestra familia.
Lunes, 1 enero de 2007
Sorprendentemente el 1 de enero Nueva York vivía a tope, con los comercios abiertos, así que de compras que te crió.
Cada mañana se convertía en un suplicio a la hora de someter a nuestros estómagos a la penitencia de los bollitos del desayuno del hotel. Era esperanzador que aun sobreviviéramos para por lo menos aprovechar los dos días que nos quedaban en la city.
Como siempre nos levantamos a una hora prudencial y mas cuando la noche anterior no habíamos estado de juerga celebrando fin de año. Hay que aprovechar los días que luego nos vamos y una fiesta te la puedes pegar en cualquier sitio.
El día había amanecido gris y con una fina lluvia. De hecho parece que el tiempo había respetado la celebración de Times Square ya que empezó a llover justo pasados 5 minutos después de entrar en el año nuevo y cuando milagrosamente ya no quedaba nadie en Times Square. Que rapidez de desalojo.
Era un día feo, pero por lo menos no hacia frío. Se hacía raro que un 1 de enero cayera algo del cielo en Nueva York y que fuera agua en vez de nieve. Y es que nos hizo un tiempo fantástico. ¡¡¡¡Chinche revinche quel culo se te jinche!!!! (dicho popular de Íllora para dar envidia).
Que la noche había sido larga y derrochadora era fácil de adivinar y más cuando en la puerta del hotel se acumulaba la montaña de basura urbana más grande jamás vista por nuestros ojos. Era como si el basurero del barrio se hubiera instalado allí mismo. Vamos había mas bolsas de basura que vigas en el Empire State Building.
Esa mañana como habíamos planeado en días anteriores íbamos de nuevo hasta los outlet del otro lado del Hudson. Se nos habían quedado algunas compras pendientes y como la mañana en la ciudad podía ser fea, por la lluvia y por la celebración y posterior resaca de la noche anterior, decidimos que era el momento de ir de compras de nuevo a Secaucus. Esta vez fuimos andando desde el hotel, en la 48 St. entre Lexington y la 3ª Avenida hasta la Port Authority Bus Terminal. Una buena jarta de andar pa empezar el día.... y con el tiempo que hacia. Paraguas en mano y camino y manta a Secaucus.
Llegamos a la terminal y aquello parecía una ciudad fantasma. Había menos gente que en un concierto de cañita brava. Con toda la tranquilidad del mundo sacamos nuestros billetes, nos sentamos en la puerta de la entrada al bus y cuando este llegó nos metimos padentro. Éramos 3 personas que viajamos en esa línea esa mañana a esa hora. En el camino subió alguno más.
Al estar el tiempo como estaba las vistas que el otro día eran espectaculares no existían. No se veía nada con la neblina ocasionada por la lluvia. Ni el Empire, ni ningún otro edificio se lograba adivinar. Pero no pasaba nada, la mañana no era turística sino consumista así que con la tarjeta de crédito preparada calentábamos la muñeca para las firmas.
También fue curioso ver la vida en los pueblos que pasamos lloviendo y un 1 de enero. Había muy poquita gente en las calles la verdad sea dicha.
Llegamos lloviendo a la parada que nos bajamos el día 30 de diciembre. De allí a la tienda de Calvin Klein hay poco camino así que aunque llovía un poquito, o mas bien como se dice en Íllora, calabobos, ni siquiera abrimos el paraguas.
Acababan de abrir la tienda así que éramos los únicos clientes que tenían. Las dependientas tenían una cara de resacosas que pa que os voy a contar y el encargado era un zombi andante. Bea decía que ese no se había acostado esa noche y había empalmado con el trabajo.
Manda narices que el 1 de enero estén los negocios abiertos. Que estén en la ciudad de Nueva York tiene su lógica (hay muchísimos turistas y en rebajas hay que aprovechar), pero esos almacenes en aquel sitio tan recóndito pues como que no era muy normal. ¿Quien iba a ir? Pues unos pringaillos como nosotros. En Calvin Klein compramos muchas cosas y algunos regalillos que quedaban.
De allí fuimos a Náutica que esta justo al lado para comprar los regalos de los padres y olismear la ropa que allí venden. No es fea pero no nos llamaba la atención y más cuando habíamos dejado medio vacías las estanterías de Calvin Klein.
Y ahora sí íbamos camino de Gucci y de DKNY Jeans. Bea tenía muchas ganas de ver que había en ellas y quería comprar algo. Pero...¡¡¡oh no!!! ¡¡¡horror!!! Están cerradas. Me mata por no haber llegado el otro día antes que a Tommy Hilfiger como ella quería. No pasa nada, tranquilidad. Es bueno dejar cosas pendientes para poder volver a los sitios y ya tenemos otro sitio al que acudir en nuestro próximo viaje a Nueva York. De vuelta a la parada del bus pasamos por Kenneth Cole. También llegamos pero la ropa y zapatos que quedaban eran más feos que el fary chupando un limón. Así que nos fuimos echando leches. Ni que decir tiene que no había mucha gente en aquellos outlets. Pero nosotros como campeones allá que estuvimos.
Volvimos a la city y ya no llovía. Estaba nublado y había mucha humedad pero no caía ni una gota cuando llegamos a la ciudad por lo que decidimos volver al hotel andando, dando un paseo. Cargados de bolsas vimos como la ciudad poco a poco iba entrando en ebullición y como un 1 de enero aquello parecía un día de compras por todo lo alto. Las tiendas estaban todas abiertas (menos Zara y es que son españoles y claro un 1 de enero debía de estar penalizado trabajar) y el ir y venir de gente era extraordinario. Todo el mundo con bolsas en la mano y es que Nueva York es la ciudad del consumismo. Y todos picamos, todos. Capitalistas, comunistas, anarquistas.... todos, digamos lo que digamos, nos pongamos como nos pongamos y duela a quien duela.
Llegamos al hotel, descargamos las bolsas de las compras, nuestros organismos y bajamos a la esquina a comer algo en RAFFLES CAFÉ. Comemos bien, tranquilos y lo mejor ir a los lavabos que son del hotel de al lado y son una pasada. Salimos del restaurante sobre las 15:45 h. y subimos a la habitación a acicalarnos un poquito, pero solo un poquito. En la tarde queremos visitar la 5ª Avenida y sobre todo, Bea quiere tiendas.
Nuestra primera parada es ver la Catedral de San Patricio de día, aunque es un día bastante oscuro y gris pero por lo menos no es de noche como un cerrojo. Le damos una colleja al Atlas e intentamos empujarle a la bola del mundo sin éxito para aliviarle el peso.
Nuestra siguiente parada es Armani Exchange. Sí, ya lo se, ya estuvimos el 29 pero es que son rebajas y además hay una ropa muy chuli (joer me sorprendo de lo bien que domino la jerga juvenil). El desorden y el caos inundan la tienda de la 5ª Avenida. Es tremendo. Parece una marabunta. Como pase algo nos vamos todos al carajo. Miramos y requetemiramos. Compramos algunas camisetas, buscamos más regalos y para nuestras mamis no encontramos ná de ná. Aun siendo el principal objetivo (los regalos de las mamis) no les compramos nada a ellas pero si a algunos familiares y amigos y lógicamente pá nosotros mismos. Ea, ya estamos otra vez con bolsas en las manos y es que no hay manera. Nos quedamos embobados con a fachada de Cartier. Preciosa. Llena de cajitas rojas de regalo de todos los tamaños.
Y en este momento tomamos una decisión. Como no sabemos en que dirección están las tiendas, si parriba o pabajo, tiramos pabajo. Craso error. Pero no importa porque aprovechamos el camino. Bajamos la 5ª Avenida y entonces retomamos por un momento la vena turística en vez de consumista. Llegamos a la altura de la Biblioteca pero a espaldas, por la 5ª avenida. Chispea un poco y lo más espectacular es que la parte alta del Empire State Building esta cubierta por las nubes. No se aprecia. Tan solo el halo de luces de color rojo y verde entre la neblina.
Damos la vuelta a la biblioteca para ver Bryant Park y resulta que había un mercadillo. La pena es que ya lo estaban recogiendo y la pista de hielo que hay en Navidad estaba cerrada por la lluvia. Que lastima, porque seguramente había cosas bonitas y curiosas en ese mercadillo. Aunque si vimos el árbol de Navidad justo delante de la Biblioteca que es un poco rococó y recargado aunque mas elaborado que el del Rockefeller. También munchizimo más pequeño.
Buscando Macy’s dimos con un centro comercial con unos escaparates de escándalo. De los mas elaborados que vimos todos esos días y mira que se esmeran con los escaparates. El lugar es prácticamente un todo a cien por lo barato que es, se llama algo así como “Lord and Taylor”. ¡¡¡¡La vin que cara!!!! Casi que por entrar te empiezan a cobrar. Nada, nada, fuera de allí, fuera.
Desde ahí nos fuimos hasta Macy’s para buscar el regalillo de las mamis. ¿Que les compramos? Una difícil decisión. Y a las dos lo mismo. Pues nada entramos en Macy’s y dimos mas vueltas que un trompo. Subimos, bajamos, volvemos a subir, volvemos a bajar. Ahora en la planta 3, luego en la 5, luego en la 4..... joer me canso y to de recordarlo. Al final después de 20.000 vueltas de viaje sin sentido, encontramos una cosilla que les gustó bastante. Ahora pues Bea disponía de to el rato que quisiera para comprarse algo o por lo menos buscar los vaqueros de DKNY. Volvimos a dar las mismas vueltas de antes. Hasta que encontró algunos que probarse. En la puerta de los probadores, sentado y agotado se sienta a mi lado un chico joven con un anorak de Adolfo Domínguez. Para dar conversación y porque me parece curioso le pregunto si es español. Pues ¡¡no!!, es griego y trabaja en Bruselas de funcionario de la Unión Europea, él y su novia. Hablaba unos cuantos idiomas, vamos 6 ó 7 me dijo y el anorak lo compró en Barcelona una vez que estuvo de turismo. Su novia salía cada dos por tres (6) de los probadores cual pretty woman preguntándole su opinión que por supuesto siempre acababa en discusión. Entonces, ¿pa que preguntan?. Afortunadamente Bea después de los agotadores días, ella misma decidió que no le gustaba ninguno así que salimos de allí escopeteaos sobre las 19 h. vaya que se le ocurriera dar mas vueltas buscando algo más. Pero ya llevábamos una bolsita de Macy’s. Otra cosa hecha.
Antes una cosa os tengo que contar. Si os sacáis la tarjetita esa de descuentos os vendrá bien porque os hacen un descuento del (creo) 10%. Preguntar donde la hacen. Es muy rápida, le das el pasaporte, y automáticamente te dan una tarjeta que cuando pagas la entregas y ya está. Te sirve para 6 meses (creo recordar también). Además de las rebajas que eran, más el descuento de la tarjetita pues no os voy a decir que no nos vino bien, nos vino genial. Y es que pá ratear como los españoles ná de ná. Y si nos juntamos una catalana y un granaino pues ya está toíco dicho.
Como estábamos cerca de la 34 St., donde está la tienda “THE CITY THAT NEVER SLEEPS” decidimos que era el momento de comprar las típicas camisetas, llaveros, tazas y ceniceros. Es decir chorradillas varias. Nos dimos cuenta, y así lo hicimos, que en esta tienda estaban mas baratos y era mejor comprar todo menos las camisetas. Pero en la tienda que hay justo en la 5ª Avenida entre la 33 St. y la 32 St. (la del letrero luminoso) están mas baratas las camisetas. Compramos 16 camisetas por 22 $ mas impuestos. Superbaratas. Esta tienda está justo debajo del ESB.
Como habíamos visto que nos equivocamos buscando las tiendas más míticas de la 5ª Avenida al tirar para abajo desde la Catedral de San Patricio y como ya habíamos bajado desde el ESB hasta el Flatiron, decidimos irnos para el hotel andando desde el mismo ESB (34 St.) hasta la 48 St. No teníamos prisa así que con tranquilidad emprendimos la marcha y así pudimos disfrutar de un agradable paseo a pesar del tiempo que estaba complicaete. No llovía pero casi.
Subimos por la 5ª Avenida hasta la 42 St. donde giramos a la derecha para ir directos a Lexington. Al paso por Park Avenue la vista se eclipsa al tener ante nosotros la Grand Central Terminal y el Metlife Building protegiéndola de los males detrás de ella. Seguimos por la 42 St. para ver el Chrysler Building. Este edificio es de los más impresionantes de la ciudad. Con esa parte superior consigue una espectacularidad que otros edificios no consiguen. Es realmente asombroso y bonito. Un mito de la ciudad mágica.
Subimos Lexington hasta el cruce con la 48 St. donde estaba nuestro hotel. A nuestra llegada preguntamos si podía hacer alguna gestión para ir a algún club de jazz. Preferíamos el Blue Note. Llamó y nos comentó que estaba lleno. Que nos deberíamos de arriesgar a ir y una vez allí que alguien no fuera y tuviéramos posibilidad de entrar. De todos modos siempre quedaba la opción de estar en la barra y no en una mesa.
Nos duchamos y bajamos en metro línea azul dirección downtown desde la parada 51 St.-Lexington Avenue hasta la parada W. 4 St. Pues justo al bajarte en el 131 W. de la 3rd.St. está el Blue Note Jazz Club. Está justo al lado, vamos 20 metros. El local es pequeñito y la fachada también. No esperéis ver un gran centro de actuaciones. Además esta todo dentro como muy apretado y oscuro.
Esa noche actuaba Deborah Davis & A Few Good Men
en la “10th Annual Jazz Benefit For Leukemia & Lymphoma Society” a 25 $ la entrada en mesa y 5 $ si era en la barra. Llegamos y no había cola. Tan solo unas catalanas delante de nosotros que encontraron mesa rápidamente. El “acomodador” de todo aquello nos llamó y nos colocó justo delante del escenario. Las mesas son de 8 personas así que se comparten. En la nuestra había 3 japoneses, una pareja de italianos, una yuppie neoyorquina que estaba flipadilla y nosotros dos.
Nos pedimos algo de beber y un sándwich cada uno por 81 € al cambio. Pagamos con tarjeta de debito y nuestro sobresalto estuvo al llegar a España que nos adeudaron desde el Blue Note otro importe. Nos mosqueamos bastante. En primera instancia, aquella noche nos adeudaron 89 €. Y a nuestra llegada a España nos adeudaron 81 €. No hizo falta que reclamáramos porque debieron equivocarse la noche del 1 de enero y nos pasaron más importe del que correspondía y por eso nos adeudaron los 81 € posteriormente que finalmente fueron los que cobraron. Devolvieron el de 89 €. Nos quedamos tranquilos.
El concierto estuvo bien. La chica tuvo una gran noche y homenajeo al recientemente fallecido James Brown con alguna coplilla. Además de interpretar jazz también canto por blues (como diría un flamenco). La verdad es que estuvo muy bien. Duró poco, apenas 50 minutos pero intensos. Salimos de allí sobre las 22:45 h. de la noche.
Desde el Blue Note cogimos un taxi hasta el hotel y al catre que el día también había sido agotador. Con inmensa tristeza dormiríamos nuestra última noche en Nueva York y es que los días pasan y no te enteras. Antes de acostarnos teníamos que hacer lo más triste de un viaje o vacaciones que es hacer las maletas para el viaje de vuelta. Con nuestras nuevas maletas entendimos que hay que ser prudentes a la hora de comprar. Menos mal que yo no me llevé mucha ropa y pudimos meter todos los regalos, pero aun así iban a tope. No cabía ni aire dentro de las maletas. Conseguimos guardarlo todo y descansamos para despedir ¡¡New York, New York!!.
Martes, 2 enero de 2006
Nada mas despertarnos ya notábamos el peso de la despedida y eso que el vuelo salía por la noche, en el último vuelo que regresa a España cada día de la compañía Iberia.
Teníamos que acicalarnos un poco, dejar arregladas las maletas, bajarlas a recepción hasta que nos fuéramos para el aeropuerto y desayunar. Por ese mismo orden fuimos dejando una cosa tras otra resuelta. Incluso el llamado desayuno (por ponerle un nombre).
Desde las 9:30 de la mañana hasta las 17 h., que habíamos quedado con Andy en el hotel para que nos llevara al aeropuerto, teníamos casi un día entero que íbamos a intentar aprovechar al máximo. Era nuestro último día en Nueva York.
Hacía un día totalmente primaveral, el mejor día de los que estuvimos en la ciudad. Un solecito mu güeno y muy poco frío. Con ese día apetecía salir a pasear, y como queríamos, por la 5ª Avenida. Esta vez donde estaban las tiendas más míticas de la ciudad. Así llegamos a la 5ª Avenida a través de la propia 48 St. y por fin vemos la Catedral de San Patricio con sol, sin nubes y de día. Después de 3 días anteriores ya está bien. Subimos la 5ª Avenida disfrutando del ambiente de la calle, era fenomenal. Las tiendas estaban a tope.
Al ver Zara en la esquina enfrente de GUCCI te preguntas ¿que cohones hace ahí? en España en los centros comerciales y no una marca muy de postín sino de batalla y en Nueva York en la 5ª Avenida codeándose con las grandes marcas. ¡¡No entiendo ná!! A pesar de todo, el orgullo patrio crece al verla allí tan bien situadita. De nuevo muy bonita la decoración de cajitas de Cartier.
Entramos en Disney Store para cumplir un sueño. No hemos estado en Disneylandia pero entrar en la tienda es mágico. Nosotros hemos crecido con sus dibujitos y poder ver el mundo de Disney nos hizo felices. Nos hicimos unas foticos con las figuras que hay en la entrada y salimos hacia otro destino.
Ya casi al final de una 5ª Av. plagada de tiendas en las que no entramos en ninguna porque ¿para que? si habíamos comprado medio Nueva York, vimos otra de las tiendas míticas, Tiffany’s. Adornada con motivos navideños en la fachada que tapaban casi al completo el nombre. Y tras una sesión fotos para el recuerdo y para dar envidia a algunos amigos “enfermos” de cine, entramos a ver que se cuece dentro. Pues se cuece lujo, se cuece alto standing. Ni siquiera pone los precios en las joyas que hay expuestas. El que va allí ya sabe donde va y no le importa pagar barbaridades. Eso sí una seguridad de escándalo y mas dependientes que en El Corte Ingles. De forma casi clandestina me atreví a hacer unas fotos aunque esta expresamente prohibido con carteles expuestos por la tienda. He de decir que no los había visto. Menos mal que no me pillaron.
Salimos y enfrente un escaparate de quitar el hipo. Vaya maravilla. Ahora no recuerdo la tienda pero una autentica maravilla. Como se lo curran los negocios en Navidad. Es una autentica gozada lo bonitos que dejan los escaparates de las tiendas. Para admirarlos y aprender de como vender un negocio.
De ahí al Hotel Plaza, ya enfrente de Central Park. ¿Hotel? ¿que hotel? Está en obras, con grandes lonas tapándolo donde dice que van a construir apartamentos y que saldrán a la venta a partir de 1,5 millones $. Nosotros reservamos un par de ellos. Total ¿que son 1,5 millones $ para nosotros? Pues nada, calderilla.
Buscamos la 7ª Avenida a través de la 57 St. para poder ver Carnegie Hall y una vez en la 6ª Av. vamos hasta la parada de metro de la línea naranja, en la 7ª Avenida para subir hasta el Museo de Historia Natural. Queríamos economizar el tiempo para poder ver lo máximo posible.
Llegamos a la parada 81 St. y llegamos a la magnifica entrada del Museo. Es un edificio muy bonito y grande y muy vistoso.
Entramos al hall donde lo primero que nos sorprende es el enorme esqueleto de Tiranosaurus Rex. Casi que nos come allí mismo. Lo acribillamos a fotos y yo creo que en una nos guiño el ojo....
Había una gran cola para comprar las entradas en taquilla y es que si en vez de comprarlas en unos cajeros que hay allí mismo las compras en taquilla puedes ahorrarte algunos $, pero pocos. Pasamos de la cola y compramos dos entradas solamente para el museo (puedes comprar también para el mariposario, el planetario y algunas exposiciones temporales) por 21,45 € al cambio las dos entradas. Es algo caro ese museo. Entramos a las 11 de la mañana más o menos. Dejamos la mochila en consigna que iba más lenta que el caballo el malo y además te cobran 2 $. Como he comentado en otras ocasiones para que luego digan que los españoles somos lentos. ¡¡Y un carajo!!
El museo se divide en diversas salas y plantas que abarcan los diferentes continentes y culturas del mundo y luego la propia Historia Natural de los Americanos. La verdad es que deja mucho que desear, esperábamos mucho más. No se, a lo mejor las expectativas eran muy elevadas y al final no era para tanto. Quizás lo que más nos gustó fue una proyección que hicieron del Big Bang o el chupinazo más grande de la historia.
Las salas del museo estaban semivacías y muy oscuras pero la zona de los dinosaurios estaba a petar. Parecía que regalaban algo. Hay esqueletos de gran cantidad de dinosaurios que algunos huesos serán verdad pero la gran mayoría son de plástico. Lo que impresiona es que estén a tamaño real y te puedes hacer una idea de como eran aquellos bichos.
Bea solo decía que como disfrutarían sus niños del cole en una excursión a ese museo, sobre todo a la zona de los dinosaurios. Aunque lo mejor fue cuando en la última planta rodeados de esqueletos de dinosaurios vimos unos grandes ventanales entrando un solecito de ese güeno, güeno y detrás de las ventanas Central Park. ¡¡¡Ojú!!! Que maravilla, que relax. Nos semitiramos en los sillones de los ventanales a contemplar el paisaje y allí cada uno de nosotros nos despedimos a nuestra manera de la ciudad. Fue un gran momento y una agradable despedida.
A lo tonto, tonto, estuvimos en el museo bastante tiempo. Más de 3 horas. Y es que aunque no nos gustara mucho, nada mas en recorrerlo todo es un largo paseo.
Cuando llegó la hora de retirar las bolsas de la consigna (que previamente habíamos pagado los 2 $ la bolsa....¡¡ladrones!!) había una gran cola y tardamos casi media hora en retirar la mochila. Son muy lentos y malos trabajadores. Muy malos.
Salimos a la calle y buscamos el metro para ir a comer a nuestro sitio de siempre, a RAFFLES CAFÉ en la esquina de Lexington con la 48 St., al lado del hotel.
Comimos tranquilos, teníamos mucho tiempo hasta las 17 h. que venia Lilo, el hermano de Andy ya que al avisarlo para recordárselo me dijo que no podía él y enviaba a su hermano Lilo. Charlamos amistosamente con los camareros quienes decían que allí no se vivía bien, que no saben vivir los americanos, que están obsesionados por tenerlo todo y cuanto mas grande mejor. Que es la sociedad de lo tremendo y grande. Coche grande, edificios grandes, ropa grande, mucha comida, mal comer, comer en la calle cualquier cosa. En definitiva que no les gustaba ni un pelo el American Way of Life. Y tienen más razón que un santo. Por nada del mundo cambio la forma de vivir en España con la de un americano de una gran ciudad. Eso no es vida. ¿Que hay de las cañitas? ¿Que hay del relax? ¿Que hay del compadreo? ¿Que hay de las actividades en común con nuestros amigos?. No, no nos cambiamos por ellos. Tendrán Nueva York, pero nosotros tenemos Barcelona, Madrid, Sevilla, Córdoba, Toledo, San Sebastián, los San Fermines, las Fallas y por supuesto la Alhambra, el Albaycin y Graná entera.
El sueño de Nueva York se nos iba, se nos iba en poco tiempo. Cuando salimos del restaurante dirección al hotel a recoger las maletas y esperar a Lilo sabíamos que ya estaba todo hecho. Tantos días de mi vida esperando el momento de ir y ya llegaba irremediablemente el momento de volver. Ver a Lilo era decir Adiós.
Llego a las 17:15 h. y es que hace suyo el eslogan del anuncio ese de ¡¡me estas estresando!!. Dió tal rodeo para ir al aeropuerto que en alguna ocasión creí ver la costa de Galicia. Unos atascos monumentales. ¿Que es aquello? ¿Es Boston? Joer que vuelta. Pero el tío llegó bien, en ningún momento se puso nervioso ni ná de ná. Tardamos casi hora y media, pero llegamos. Durante el camino pudimos hablar mucho y nos dimos cuenta de que Andy y Lilo son buena gente, son auténticos. Gracias chicos!!! Y además nos cobró menos que cuando llegamos. Le preguntamos una gran curiosidad que supongo que a mas de uno le mata.... ¿porque las aceras tienen bordes de hierro?. Según Lilo es para que no se rompan y no haya que estar continuamente cambiándolas y arreglándolas. Dice que son muy flojos y ahorrativos y que no quieren que les den trabajo las aceras. ¿Será verdad?.
Al llegar al aeropuerto JFK seguimos las indicaciones de los letreros y llegamos a una pequeña sala donde había unos 10 mostradores de facturación, 2 de ellos de Iberia, pero eran de Primera Clase. Nosotros inocentes dijimos pues nada, que poca gente y solo faltan algo más de dos horas para que salga el vuelo. Pues nada, o ha llegado todo el mundo o llegaran tarde. Les dimos los pasaportes, nos dieron los billetes, facturamos y en eso que la chica llama a un señor que con un carrillo de mano se lleva nuestras maletas a otro sitio. Fuimos los campeones. Al salir de allí por un pasillo estrecho llegamos donde estaban las salidas. Había multitud de mostradores de facturación y 4 ó 5 de Iberia con más gente que el sábado de los San Fermines. Increíble lo que allí había, e increíble de lo que nos habíamos librado. Sin saberlo habíamos hecho una gran pirulilla. ¿Que donde esta esa sala pequeña? No pajolera idea, si voy puede que llegue a ella pero os aseguro que llegamos a través de las indicaciones de los letreros.
Pasamos el control, nos hicieron quitar los zapatos, pasamos sin más problemas y a buscar la puerta de la salida del vuelo.
El aeropuerto tampoco es gran cosa. Muy grande pero no tiene nada que ver con la magnifica T4 que tenemos en España o con el pequeño pero a nuestro entender mejor aeropuerto que hasta ahora hemos pisado, el Prat de Barcelona.
Intentamos buscar algún sitio para comer algo pero estaban todos llenos y además eran todos de comida rápida y no nos hacia mucho. Había dos vuelos a Madrid. El nuestro, que era el último y otro que salía por la tarde pero que iba con bastante retraso. Se notaba en las caras de los que allí estaban esperando. Menos mal que el nuestro no iba con retraso y salimos a nuestra hora. El anterior vuelo salió apenas una hora antes que el nuestro por lo que a Madrid llegarían dos vuelos procedentes de Nueva York con muy poca diferencia.
La gente iba cargadísima. Para poner un ejemplo, había un matrimonio que además de con el bebé de unos meses y todo lo que llevan para él, llevaban, sin exagerar, unas 15 bolsas de compras que habían hecho. No quiero ni imaginarnos a nosotros con ese despliegue. Si nos veis así ¡¡matarnos!!.
Teníamos asientos de salida de emergencia y así pudimos estirar las piernas un poco. El viaje fue agradable y es que de noche tras comer e hincarnos una botella de vino tinto caímos rendidos. Llegamos puntuales a la T4 de Madrid y no perdimos nuestra conexión con Granada.
Estábamos en casa, en España, estábamos en Granada y otro sueño mas cumplido.
Espero os hayan gustado nuestras experiencia en la city y nosotros esperamos poder repetirlas. Como paso previo a Bea ahora le gusta una jarta New York. Algo hemos ganado y ya está pensando en volver porque quedaron muchas cosas por ver.
Esperamos que os haya gustado......
¡¡¡¡HASTA LA PRÓXIMA!!!!
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