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Nuestras aventuras de 3 días por la capital de España junto a Mario, Jorge y Rosa. Todo un homenaje gastronómico.
El jueves 7 de diciembre teníamos el vuelo a las 15:30 h. así que yo que acabo a las 15 h. de trabajar tuve que escaquearme a las 14 h. para poder llegar al prat sin colas. A las 15,05 empezábamos a embarcar así que fue llegar, facturar 3 maletas (SI como lo oís, 1 mediana, 1 pequeña y el neceser) y comernos un bocata en el PANS porque perdíamos el vuelo.
Pero estate tú ahí que estos de Vueling nos la dieron con mantequilla. Empezamos a embarcar puntualmente pero de golpe y sin previo aviso comenzaron a sacar a la gente que había entrado en el avión y comenzaron a embarcar en ese avión a los pasajeros del vuelo a Milán. Resulta que estos pasajeros estaban en su avión cuando antes de partir le dieron un golpe al retirar las escaleras mecánicas y tuvieron que desalojarlo y acomodarlos en otro avión. Pues eso, 2 horas de retraso. Y nosotros que a las 22:30 teníamos entradas para el musical de "Hoy no me puedo Levantar".
Llegamos a la T4 sobre las 18:45 h, pasó un rato hasta que llegamos a las maletas, tanto que ya estaban allí. Desde ahí fuimos hasta la puerta de la T4 donde cogimos el bus lanzadera hasta la Terminal antigua y de ahí pal metro hasta llegar a la Puerta del Sol. Teníamos el hostal en la Carrera San Jerónimo, 3. Una gozada. El nombre Hostal Guerra. Un hostal la mar de limpio y nuevo y muuuuyy bien situado. En Madrid llovía. Mario, Jorge y Rosa habían llegado al mediodía en coche desde Íllora y nosotros a las 20:30 h. estabamos llegando al hostal. El tiempo suficiente para deshacer las maletas, ducharnos, saludar a otros amigos que viven en Madrid y cenar para irnos al musical. Cenamos enfrente del teatro, en el VIPS de la Gran Vía, ya que no nos daba tiempo. De hecho, eran las 22:15 cuando nos estaban sirviendo la comida. Comimos como pavos y a las 22:35 h. estábamos entrando en el Teatro.
IM-PRE-SIO-NAN-TEEEEEEEEEEEE!!!!!
El musical es la bomba, por lo bien montado, cantado, arreglado y por todo. Acabó a las 02:45 h. de la madrugada con un solo descanso de 30 minutos.
Recomendable al 100%. De ahí al hotel ya que llovía bastante y además había pocas ganas de marcha después de que ese día trabajamos algunos de los que allí estábamos. Solo nos llovió este día y el resto sol y mucho frío.
El viernes 08 de diciembre nada más levantarnos a desayunar churros con chocolate en una chocolatería que hay al lado de la Joy Eslava en una callecita estrecha que sale de la Calle Arenal. Estaban mu güenos los churros y buenísimo el chocolate. Paseo por la Plaza de Oriente y vuelta a la Puerta del Sol, pasando por la Plaza Mayor y su oficina de turismo. Gente y más gente, vamos…., como si fuera obligatorio salir a la calle. Bajamos por la Carrera de San Jerónimo hasta el Mueso Thyssen y compramos las entradas para la tarde ya que a esa hora estaba lleno. Bajamos andando hasta el Museo Reina Sofía. No entramos y seguimos andando hasta la Puerta de Toledo. Eá a mi niña le hacia ilusión ir allí (por aquello de las sevillanas). Dios mío que jarta andar, aun hoy me duelen las piernas. Subimos la Calle Toledo hasta la Cava Baja y tras comprobar que uno de nuestros objetivos iba a ser complicadísimo (comer en la Taberna de Lucio, no en Casa Lucio) pues entramos en La Chata, que ya había estado yo un par de años antes con unos amigos y se come bastante bien.
Al hotel, pasando antes por Lhardy a tomarnos un caldito y cuando teníamos las pilas repuestas al Thyssen. Madre mía cuanta pasta tiene Tita.
De nuevo al centro, a la Plaza Mayor, nos compramos unas pelucas, hicimos el lelo un rato, nos duchamos y cenamos en Casa Alberto en la Calle Huertas (al lado de Plaza Santa Ana). Nos lo recomendó el del hotel y la verdad es que se come bastante bien, unos 30 € por cabeza con vino y postre, 3 platos para picar y un plato cada uno. Unas copas por Huertas y la Plaza Santa Ana y a descansar.
El sábado 9 de diciembre nada mas levantarnos fuimos a la Estación de Atocha (esta vez en metro) para recoger los billetes de Mario que viajaba de Madrid a Alicante por temas personales el Domingo. De ahí dando un paseo nos plantamos en el Retiro donde estuvimos toda la mañana hasta que el antojo de Mario nos hizo ir hasta la calle Santa Brígida (una perpendicular a la Calle Fuencarral) y comernos una mariscada en Riveira do Miño. De batalla, nada de otro mundo pero buena. A mi como no solo no me gustan sino que me dan asco (perdón) pues a mirar ya que ni siquiera había sitio en ninguna mesa y nos la sirvieron de pie. A petición nuestra claro. Una mariscada para 4 y un albariño 80 €. Pal hotel a descansar. Y en este momento es cuando Jorge y yo nos fuimos a un irlandes enfrente del hotel y nos tomamos unos licorcillos para posteriormente irnos al hotel a estirar las patas mientras los demas se fueron de compras. Pero había tanta gente que no tardaron en volver pal hotel. Duchita y a cenar a Casa Paco. Esta bien aunque un poco viven del pasado. Muchos restaurantes de Madrid por colgar fotos con un montón de famosos creen que ya está. Una cosa es lo antiguo y cuidado y otra dejarlo tal como estaba y ya está. La comida muy bien pero poco acompañada en los platos. Es decir la comida sin mas acompañamiento y el precio un poco más caro del día anterior en Casa Alberto, unos 35 € por cabeza y mucha menos comida. Me gustó más el Alberto. Después de la paletilla de lechón que se metieron entre pecho y espalda todos ellos, yo cené un entrecot, nos fuimos a la Joy Eslava. Si ya se que catetos, catetos, pero les hacia ilusión. 15 € y una copa. Solo un famoso en toda la noche y ojo al famoso: Leticia Sabater. A dormir tras largo paseo y el domingo último día.
Nada más levantarnos el 10 de diciembre fuimos a acompañar a Mario a la estación de Chamartín para coger el tren. Desayunamos en Carmen o algo así en la misma estación. Nos despedimos y al bus, que nos dejó en la misma Puerta del Sol. Jorge y Rosa se fueron al hotel para recoger las cosas e irse (eran las 12:30 h.) y Bea y yo nos fuimos a la Plaza Santa Ana a un mercadillo navideño que había visto el día de antes y quería volver. Dimos una vuelta, no vio nada interesante y paseando a través de las calles por detrás de la Puerta del Sol, llegamos a la Plaza Mayor. Bajamos hasta la Plaza de Oriente y allí sentados en un banco disfrutamos de un músico que tocaba y cantaba canciones sudamericanas. La verdad es que este momento de soledad junto a Bea en ese marco tan incomparable me relajó mucho y me gustó. Nos fuimos al hostal, pero antes teníamos una cuenta pendiente. Un bocadillo de calamares en la Calle Postas. No es que sea nada de otro mundo pero estaba bien.
Al hostal, recogimos las maletas y pa la T4 en metro. Se llega fácil y no se tarda mucho. Una vez en la T4 pensaba que la próxima vez que paseáramos por esos pasillos sería antes de irnos a Nueva York y que allí mismo le soltaría a Bea eso de:¡¡¡Nos vamos a New York, no a Londres!!!. Pues este fue nuestro puente en Madrid. Ciao. |